Después de varios meses de vigilancia, control y trabajo directo con agricultores, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Tarapacá dio por terminada la campaña de erradicación de la mosca de la fruta en Matilla, comuna de Pica, y levantó la cuarentena fitosanitaria vigente desde marzo de 2026.
La decisión se adoptó luego de completar tres ciclos biológicos consecutivos sin nuevas detecciones de Ceratitis capitata, uno de los principales insectos cuarentenarios de importancia para la fruticultura.
La última captura de un ejemplar silvestre en Matilla se registró el 13 de julio, antecedente que permitió al SAG proyectar el cierre técnico de la campaña hacia fines de octubre, de acuerdo con los procedimientos establecidos para la erradicación de la plaga.
El levantamiento de la cuarentena representa una señal relevante para los agricultores del oasis de Pica, una zona productora de cítricos, guayabas, mangos y otros frutales que durante los últimos meses debió operar bajo restricciones y medidas sanitarias especiales.
La emergencia sanitaria se activó en marzo, tras detectarse ejemplares de mosca de la fruta en Matilla. Desde entonces, el SAG desplegó una estrategia que combinó vigilancia intensiva, control fitosanitario, fiscalización, educación a la comunidad y aplicación de herramientas de control biológico.
Una de las principales medidas fue la utilización de la Técnica del Insecto Estéril (TIE), metodología que consiste en liberar grandes cantidades de machos estériles para que se apareen con hembras silvestres y así disminuir progresivamente la capacidad reproductiva de la población de la plaga.
La estrategia se complementó con monitoreo mediante trampas, controles de movimiento de fruta y acciones destinadas a reducir posibles hospederos.
Uno de los principales desafíos de la campaña fue compatibilizar las exigencias sanitarias con la necesidad de que los agricultores pudieran mantener parte de su actividad comercial.
Para ello, el SAG incorporó tratamientos cuarentenarios mediante cámaras de frío, utilizados como alternativa para que determinada fruta pudiera cumplir las exigencias sanitarias sin recurrir necesariamente a su eliminación.
La medida buscó reducir el impacto económico sobre los productores afectados por las restricciones. La directora regional del SAG Tarapacá, Sue Vera, explicó que la campaña exigió combinar control sanitario con medidas adaptadas a la realidad productiva del territorio.
“Este resultado es fruto de meses de trabajo intenso, planificación y compromiso”, señaló la autoridad, destacando además la colaboración de los agricultores de Matilla y Pica durante todo el proceso.
La campaña incorporó además un seguro catastrófico colectivo compensatorio por descarga de frutas, herramienta destinada a apoyar a productores en aquellos casos en que fue necesario retirar o destruir fruta como parte de las medidas de erradicación.
Este tipo de instrumento busca reducir el impacto económico directo que pueden provocar las campañas sanitarias sobre pequeños y medianos agricultores, especialmente cuando la eliminación de fruta constituye una medida necesaria para cortar el ciclo biológico de la plaga.
La respuesta no se concentró únicamente en las acciones del SAG. Durante agosto, 104 agricultores de Pica, Matilla y Valle de Quisma recibieron insumos y equipamiento preventivo mediante el Programa de Desarrollo Territorial Indígena (PDTI), ejecutado por INDAP y la Municipalidad de Pica.
Entre los elementos entregados se incluyeron podadoras, insecticidas, pulverizadoras e indumentaria técnica para fortalecer el manejo preventivo en los huertos.
Los beneficiarios corresponden principalmente a productores dedicados a cítricos, guayabas y mangos, cultivos especialmente sensibles frente a la presencia de mosca de la fruta.
Además, la Seremi de Agricultura y CONADI impulsaron un convenio para instalar invernaderos y estructuras con mallas contra insectos, con el objetivo de reducir el riesgo de ingreso de la plaga a los sistemas productivos.
Para la fruticultura, la importancia de erradicar rápidamente un foco de mosca de la fruta va mucho más allá del daño directo a la producción.
Ceratitis capitata posee un amplio rango de hospederos y puede afectar numerosas especies frutales. Su presencia obliga a establecer áreas reglamentadas, intensificar controles y aplicar tratamientos especiales para evitar su dispersión.
Desde el punto de vista exportador, la detección de una plaga cuarentenaria también puede provocar exigencias adicionales por parte de los mercados de destino.
Por ello, la condición fitosanitaria de Chile constituye uno de los activos fundamentales de su industria frutícola: permite mantener protocolos de exportación y acceder a mercados que exigen garantías respecto de la ausencia o control de determinadas plagas.
El cierre de Matilla se suma a otros avances sanitarios registrados durante 2026 en la Región de Tarapacá.
En septiembre, el SAG ya había dado por finalizada una campaña de erradicación en Pozo Almonte y había concluido cinco procesos de vigilancia intensiva en Miñi Miñe, Suca, Playa Blanca, Fuerte Baquedano y Miraflores.
La experiencia llevó además al Servicio a reforzar una estrategia basada en detección temprana, respuesta rápida y coordinación con productores y otras instituciones.
Entre las acciones consideradas se incluyen controles carreteros coordinados con Carabineros para impedir el traslado de productos agropecuarios clandestinos que puedan actuar como vehículos de dispersión de la plaga.
Con el cierre de la campaña, Matilla deja atrás la cuarentena iniciada en marzo, pero la vigilancia seguirá siendo un componente clave para evitar nuevas introducciones.
El seremi de Agricultura de Tarapacá, Fernando Chiffelle, destacó que la coordinación entre servicios públicos, municipio y agricultores permitió enfrentar una emergencia sanitaria particularmente sensible para un territorio cuya economía depende fuertemente de la agricultura.
El levantamiento de la restricción permite recuperar normalidad productiva, pero también refuerza una lección para la fruticultura nacional: frente a plagas cuarentenarias, la detección temprana, la vigilancia y la colaboración de los productores son fundamentales para impedir que un foco localizado termine afectando una región productiva completa o el acceso a mercados internacionales.