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Ferrero anuncia plan de expansión en Chile: construirá su tercera planta en el país

Cuando Ferrero desembarcó en Chile a comienzos de los 90, el avellano europeo era una apuesta de nicho. Treinta y cuatro años después, AgriChile —filial agrícola del grupo— opera en toda la cadena de valor con apoyo a productores, red de limpieza y secado, y plantas de descascarado, en un esquema diseñado para garantizar abastecimiento estable y de calidad a las fábricas del grupo.

El primer gran salto industrial llegó con la inauguración en 2015 de la planta de Alto Camarico (Maule), especializada en descascarado. Nueve años más tarde, en 2024, Ferrero abrió su segunda planta de descascarado en San Gregorio (Ñuble), con 7.000 m² de infraestructura, para complementar la operación de Maule y despachar producto a mercados como Brasil, México, Canadá y Europa.

En 2025 la firma comunicó una nueva fase: construirá una tercera planta en La Araucanía, iniciará una ampliación de capacidad de limpieza y secado en la misma región y ejecutará upgrades en Alto Camarico y San Gregorio “antes de la próxima temporada”. Con esto, la compañía busca acompañar el crecimiento acelerado de la oferta local y blindar la calidad del grano, clave para productos icónicos como Nutella, Kinder y Rocher.

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El factor agronómico pesa

 

Chile reúne condiciones de clima y sanidad idóneas para avellano europeo. A 2024, el país superó las 46 mil hectáreas plantadas y, si la curva se mantiene, podría pasar las 64 mil al 2030, lo que lo subiría entre los tres principales productores del mundo. Este potencial explica el énfasis de Ferrero en logística de postcosecha —limpieza, secado y descascarado— y en estandarización de prácticas agrícolas.

El despliegue industrial también incluye una red de “plantas L&S” (limpieza y secado) en puntos estratégicos del sur —como San Sebastián, Santa Anita y San Gregorio— y operaciones en Cunco (La Araucanía), que facilitan la recepción de fruta y alivian cuellos de botella en cosecha.

HCo, la división de avellanas creada en 2015, centralizó compras, desarrollo de proveedores, investigación y control de calidad. En Chile, esa arquitectura se tradujo en contratos, acompañamiento técnico y trazabilidad, variables que elevaron la productividad y la consistencia industrial del grano.

Ferrero ha comunicado objetivos de crecimiento de dos dígitos para los próximos años y un foco explícito en La Araucanía —donde adquirió activos agrícolas en 2004— para profundizar el clúster.

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