La acumulación de frío invernal vuelve a tomar protagonismo en la industria chilena del cerezo. A medida que avanza el invierno, los registros agroclimáticos muestran un comportamiento irregular entre zonas productivas, con señales de ajuste en la zona centro y Maule, y un escenario más diverso hacia el sur del país.
De acuerdo con un análisis de Ranco Cherries, actualizado al 30 de junio de 2026, los principales indicadores de frío muestran diferencias importantes respecto de la temporada anterior. El estudio considera registros acumulados entre el 1 de mayo y el 30 de junio de los años 2023, 2024, 2025 y 2026, utilizando tres métricas: porciones de frío, horas frío base 7,2 °C y horas frío Richardson.
En cuanto al informe el escenario es diferenciado. En la zona centro y Maule se observa una leve disminución respecto de 2025 en varias estaciones, mientras que en el sur existen sectores que igualan o incluso superan los valores del año anterior.
Para la industria del cerezo, este dato no es menor. El frío invernal incide directamente en la calidad del receso, la uniformidad de brotación, la floración, la sincronía entre variedades, la regulación de carga y, finalmente, en el potencial productivo del huerto. Ranco Cherries advirtió que el requerimiento de frío del cultivo debe ser considerado al momento de definir estrategias de regulación de carga y manejo, por su efecto en el potencial productivo.
En especies caducifolias como el cerezo, el frío acumulado durante el invierno permite que las yemas completen adecuadamente su período de dormancia. Cuando esa acumulación es suficiente y se distribuye de manera favorable, los huertos tienden a mostrar una salida de receso más pareja, con brotación y floración más ordenadas.
Esto facilita labores críticas como las aplicaciones de salida de invierno, el uso de reguladores, la polinización, el raleo, la regulación de carga y la planificación de cosecha. Por el contrario, una acumulación insuficiente o irregular puede generar brotaciones disparejas, floraciones prolongadas, menor sincronía entre variedades y diferencias de desarrollo dentro de un mismo cuartel.
En la zona centro, los registros muestran comportamientos distintos según localidad. En María Pinto, estación El Parrón, las horas frío base 7,2 °C bajaron de 437 en 2025 a 416 en 2026, mientras que las horas frío Richardson disminuyeron de 561 a 536. Las porciones de frío se mantuvieron en 31.
En Buin, el comportamiento fue más estable. La estación registró 463 horas frío en 2026, prácticamente igual a las 464 horas de 2025. Las porciones de frío se mantuvieron en 32, mientras que las horas frío Richardson subieron de 559 a 577.
En Mostazal, las horas frío base 7,2 °C aumentaron levemente de 466 a 471, pero las porciones de frío bajaron de 35 a 33 y las horas Richardson disminuyeron de 612 a 597. Este caso grafica por qué los asesores no deben mirar solo una métrica, ya que cada indicador puede entregar señales distintas.
En Graneros Norte se observa una baja más clara: las horas frío cayeron de 496 en 2025 a 467 en 2026, y las horas Richardson pasaron de 647 a 620. En Rancagua, en cambio, las horas frío subieron de 469 a 490, aunque las horas Richardson bajaron levemente de 548 a 542.
En Requínoa, las horas frío se mantienen prácticamente estables, con 490 en 2026 frente a 492 en 2025, pero las horas Richardson retroceden de 695 a 672. La conclusión para esta zona es clara: la lectura debe hacerse por estación, localidad y condición de huerto, no solo por región.
En las regiones de O’Higgins y Maule, zonas estratégicas para la producción de cerezas de exportación, el análisis muestra una tendencia general a la baja en varias estaciones, aunque con matices.
En San Vicente de Tagua Tagua, estación El Tambo, las horas frío base 7,2 °C bajaron de 389 en 2025 a 349 en 2026. Las horas Richardson también disminuyeron, de 732 a 719, aunque las porciones de frío subieron levemente de 37 a 38.
En San Fernando, estación El Carmen, las horas frío aumentaron de 488 a 494, pero las horas Richardson bajaron de 902 a 832 y las porciones de frío pasaron de 42 a 41. Nuevamente, el dato confirma la necesidad de interpretar los indicadores en conjunto.
En Placilla Chacarilla, la baja fue más marcada: las horas frío disminuyeron de 475 a 406, mientras que las horas Richardson pasaron de 666 a 607. En Teno, las horas frío bajaron de 522 a 499, las porciones se mantuvieron en 41 y las horas Richardson retrocedieron levemente de 837 a 829.
En Sagrada Familia, una estación relevante para una zona de alta presencia frutícola, las horas frío cayeron de 463 en 2025 a 409 en 2026. En San Clemente, también se observó una baja, desde 511 a 468 horas frío, con horas Richardson que pasaron de 835 a 796.
Para estas zonas es relevante la regulación de carga no debiera definirse solo por antecedentes históricos. Será necesario considerar el frío acumulado, el estado de yemas, la variedad, la edad del huerto, el vigor, la nutrición, la carga dejada en poda y los objetivos comerciales.
Hacia el sur, el comportamiento aparece más heterogéneo. En Linares, estación Miraflores, las horas frío bajaron de 553 a 530, pero las porciones de frío aumentaron de 39 a 40 y las horas Richardson subieron de 800 a 858. Este comportamiento muestra que no todos los indicadores apuntan necesariamente en la misma dirección.
En Angol, estación El Vergel, se observó una baja relevante: las horas frío pasaron de 488 en 2025 a 396 en 2026, las horas Richardson disminuyeron de 910 a 870 y las porciones de frío bajaron de 43 a 42. En Gorbea, estación Cuarta Faja, las horas frío retrocedieron de 591 a 553 y las porciones de frío de 46 a 41.
Sin embargo, otras zonas del sur muestran una recuperación o registros superiores a 2025. En La Unión Norte, las horas frío subieron de 424 a 514, las porciones de frío pasaron de 41 a 42 y las horas Richardson aumentaron de 870 a 944.
En Osorno, estación Remehue, las horas frío aumentaron de 561 a 603, las horas Richardson de 1008 a 1036 y las porciones de frío se mantuvieron en 45. En Purranque, el aumento fue aún más notorio: las horas frío pasaron de 521 a 617, las horas Richardson subieron de 950 a 985, aunque las porciones bajaron levemente de 45 a 44.
Este escenario confirma que la temporada 2026 no admite una sola lectura nacional. Mientras algunos sectores muestran acumulaciones más ajustadas, otros presentan condiciones similares o mejores que la temporada pasada, lo que podría incidir de manera diferenciada en brotación, floración y concentración de cosecha.
El análisis de Ranco Cherries utiliza tres indicadores porque cada uno interpreta de manera distinta el efecto de las temperaturas invernales.
Las horas frío base 7,2 °C corresponden a una medición simple y ampliamente usada, que contabiliza las horas bajo ese umbral térmico. Las horas frío Richardson incorporan ponderaciones según rangos de temperatura, diferenciando condiciones más o menos efectivas para acumular frío. Las porciones de frío, en tanto, entregan una aproximación más robusta en zonas con inviernos variables o interrupciones cálidas.
La acumulación al 30 de junio no define por sí sola el resultado de la temporada, porque todavía queda invierno por delante. Sin embargo, sí entrega una señal temprana para comenzar a ajustar escenarios de manejo.
Entre las decisiones que deberán revisarse aparecen la intensidad de poda, la regulación de carga, el uso de herramientas para uniformar brotación, la programación de aplicaciones de salida de receso, el seguimiento de yemas y la planificación de labores de floración.
El impacto dependerá de cada variedad. Cultivares con mayores requerimientos de frío o con historial de brotación irregular podrían necesitar un seguimiento más estricto. En cambio, huertos con buena acumulación de reservas, equilibrio vegetativo, adecuada condición nutricional y sanidad podrían enfrentar mejor una temporada de frío más ajustada.
En una industria donde la calidad exportable se construye desde el invierno, monitorear, interpretar y actuar a tiempo es relevante para enfrentar la temporada 2026 con mayor precisión técnica y mejores posibilidades comerciales.
