Los países de las Américas acordaron reforzar la cooperación regional para anticipar y responder a los potenciales impactos del fenómeno de El Niño sobre la producción agropecuaria, los sistemas agroalimentarios y la seguridad alimentaria del continente.
La decisión fue adoptada durante la Cuadragésima Sexta Reunión Ordinaria del Comité Ejecutivo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, realizada en San José de Costa Rica y con participación de ministros, viceministros y altas autoridades agrícolas de la región.
La resolución encomienda al organismo hemisférico articular su cooperación con cada Estado miembro, considerando que los gobiernos mantienen la responsabilidad de diseñar y ejecutar sus políticas, planes y mecanismos nacionales de preparación y respuesta.
El acuerdo contempla actualizar y ejecutar planes de acción, facilitar el intercambio de experiencias exitosas, fortalecer una mirada regional sobre los riesgos y capacidades disponibles y promover la cooperación Sur-Sur entre los países.
Además, invita a organismos internacionales, agencias de cooperación, instituciones financieras, centros académicos, empresas y otros actores a aportar capacidades técnicas y recursos para enfrentar los efectos que el fenómeno climático podría provocar sobre la agricultura.
Uno de los principales mensajes entregados durante el encuentro fue que la preparación debe comenzar antes de que los impactos alcancen a los sistemas productivos.
“La respuesta frente a El Niño empieza antes de la emergencia, cuando la información y las alertas se transforman en decisiones, inversiones y acciones para proteger la producción, los ingresos y los medios de vida. Actuar a tiempo reduce pérdidas y costos. Para hacerlo a escala, debemos unir ciencia, tecnología, innovación, gestión del riesgo, protección social y financiamiento”, explicó Curt Delice, director de Operaciones e Integración Regional del IICA.
El especialista agregó que “nadie puede hacerlo solo, necesitamos una hoja de ruta común, alianzas más amplias y recursos a la altura del desafío”.
La estrategia busca que la información agroclimática no permanezca únicamente en informes técnicos, sino que se transforme en decisiones concretas para definir fechas de siembra, administrar el riego, ajustar la carga animal, proteger infraestructura y preparar respuestas para los productores más expuestos.
Durante las semanas previas al Comité Ejecutivo, las representaciones del IICA intensificaron el diálogo con autoridades, organizaciones productivas y otros actores del sector agropecuario para identificar las medidas que ya están en marcha y los ámbitos que requieren apoyo adicional.
Como resultado de este levantamiento, cerca del 30% de los países de las Américas ya identificó necesidades y solicitudes concretas de cooperación técnica asociadas a El Niño. La estimación del organismo es que las demandas podrían surgir en alrededor del 80% de los países durante los próximos seis meses.
“La información que los países están compartiendo nos permite pasar de una lectura general del riesgo a una agenda concreta de cooperación. El desafío ahora es transformar esas prioridades en acciones anticipatorias, conectar las capacidades que ya existen y movilizar las alianzas y los recursos necesarios para proteger la producción agrícola, los ingresos y los medios de vida rurales”, señaló Hugo Chavarría, gerente del Programa de Innovación y Bioeconomía del IICA.
Tres áreas prioritarias para el sector
Las necesidades planteadas por los países se concentran en tres grandes ámbitos: monitoreo y gestión de riesgos; adaptación y recuperación productiva; y gestión del agua y resiliencia hídrica.
La primera línea considera el fortalecimiento de alertas tempranas, sistemas de información, monitoreo agroclimático, evaluación de daños y gestión integral del riesgo.
La segunda incluye agricultura climáticamente inteligente y regenerativa, recuperación de medios de vida rurales, manejo sostenible de los suelos y soluciones basadas en la naturaleza.
La tercera se relaciona directamente con uno de los factores más sensibles para la agricultura: la disponibilidad de agua. En esta área se consideran el riego eficiente, la cosecha y almacenamiento del recurso, la gestión de cuencas, la infraestructura hídrica y la seguridad de abastecimiento para los sistemas productivos.
Las autoridades y especialistas coincidieron en que el fenómeno no se manifestará de la misma forma en todas las zonas productivas del continente. Mientras algunos territorios podrían enfrentar sequías, déficit hídrico, lluvias irregulares y temperaturas superiores al promedio, otros podrían registrar precipitaciones intensas, inundaciones, deslizamientos y daños en cultivos e infraestructura rural.
Los escenarios analizados identifican mayores riesgos de calor y escasez de agua en el oeste y suroeste de Estados Unidos, el norte de México, el Corredor Seco Centroamericano, el Caribe oriental, sectores del altiplano andino y el nordeste de Brasil.
Estas condiciones podrían reducir la disponibilidad de agua para riego, afectar la ganadería y comprometer el desarrollo de los cultivos de secano o temporal, con una incidencia especialmente relevante sobre los pequeños productores.
En otros sectores de la región andina y del Cono Sur, en cambio, podrían presentarse lluvias por sobre los niveles normales, aumentando el riesgo de inundaciones, deslizamientos, interrupciones logísticas y daños en cadenas productivas e infraestructura agropecuaria.
“Los impactos de El Niño serán diferenciados entre países, territorios, cadenas productivas y tipos de productor. En algunos lugares se manifestarán mediante sequías, déficit hídrico y mayores temperaturas; en otros, a través de lluvias intensas, inundaciones o deslizamientos”, explicó Chavarría.
El especialista advirtió que “los efectos más severos se concentrarán allí donde una alta exposición coincida con una menor capacidad para anticiparse, responder y recuperarse, especialmente entre los pequeños productores y en los territorios rurales más vulnerables”.
Durante el encuentro también se analizó el posible impacto sobre las fechas de siembra y la disponibilidad de productos esenciales para la alimentación de la población.
El viceministro de Agricultura y Ganadería de Costa Rica, Fernando Vargas, destacó la necesidad de fortalecer la cooperación comercial, los mecanismos financieros y los seguros agrícolas.
“Todos los países estamos haciendo las acciones que consideramos pueden de mejor forma disminuir el impacto y propiciar la disposición de alimentos para garantizar seguridad alimentaria”, afirmó.
La autoridad agregó que “algunos de nuestros países no vamos a poder sembrar ciertos cultivos en las épocas que normalmente se siembran por efecto de El Niño, eso aumentaría la pérdida, entonces, el tema de granos básicos se convierte en indispensable, y ahí la cooperación entre países es clave para el intercambio de productos bajo reglas claras y accesibles”.
El planteamiento evidencia que los efectos del fenómeno pueden extenderse desde los predios hasta el abastecimiento de los mercados. Una alteración en las temporadas de cultivo puede reducir la oferta, elevar costos, aumentar la dependencia de importaciones y ejercer presión sobre los precios de los alimentos.
El embajador de Paraguay en Costa Rica, Julio Duarte Van Humbeck, respaldó la propuesta de fortalecer las alertas tempranas y la acción coordinada.
“Estamos de acuerdo con el enfoque que plantea el IICA en cuanto a alerta temprana, anticipación a eventos, trabajar juntos para sumar capacidades y responder adecuadamente a estos fenómenos climáticos”, afirmó.
El diplomático presentó los avances de Paraguay en información agrometeorológica, balance hídrico agrícola, modernización de estaciones meteorológicas, coordinación institucional y planificación de riesgos.
Por su parte, el viceministro de Agricultura y Ganadería de Brasil, Cleber Soares, puso a disposición de los países las capacidades del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Brasil y del Instituto Nacional de Meteorología, especialmente en la elaboración de escenarios y análisis de riesgo climático.
El IICA realizó un mapeo de los proyectos e iniciativas que desarrolla junto con sus Estados miembros e identificó 88 acciones relacionadas con resiliencia climática, gestión del riesgo y adaptación de la agricultura.
De ese total, 25 iniciativas tienen una contribución directa a la preparación ante El Niño, la adaptación de los sistemas productivos, la protección de los medios de vida rurales y la recuperación frente a los posibles impactos.
Este inventario permitirá identificar tecnologías, metodologías y proyectos que ya han demostrado resultados favorables, con el propósito de adaptarlos y escalarlos en otros territorios.
La propuesta regional considera como primer paso utilizar evidencia científica, información climática, análisis de riesgo y sistemas de alerta temprana para orientar decisiones antes de que se produzcan los daños.
El segundo objetivo será fortalecer los programas existentes y conectarlos con las prioridades específicas de los países, territorios y cadenas productivas.
La estrategia también busca movilizar una alianza más amplia entre gobiernos, organismos técnicos, instituciones financieras, centros de investigación, empresas y organizaciones de productores.
El desafío será convertir la resolución política en acciones aplicables en los territorios: sistemas de riego más eficientes, protección de cultivos, manejo de cuencas, seguros accesibles, recuperación de suelos, asistencia a pequeños productores y mecanismos que permitan responder con rapidez ante sequías, inundaciones u otros eventos extremos.
La preparación ante El Niño aparece así no solo como una tarea climática, sino también como una condición para proteger la producción de alimentos, la estabilidad de las cadenas agroalimentarias y los ingresos de millones de familias rurales de las Américas.