Con el firme objetivo de elevar el estándar de calidad del kiwi chileno en los mercados internacionales y asegurar una experiencia óptima para el consumidor final, el Comité del Kiwi, en alianza estratégica con la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), anunció el inicio de un intensivo programa de formación técnica enfocado en la fisiología de maduración y manejo de postcosecha.
El programa formativo se dictará con una frecuencia de dos días a la semana durante todo el mes de agosto y la primera semana de septiembre. La iniciativa busca actualizar a la industria en temas de la poscosecha de kiwi, también derribar paradigmas operativos históricos y capacitar de forma integral a productores, exportadores e intermediarios comerciales, en el contexto de una industria que crece en volúmenes y que requerirá formar y disponer de equipos técnicos capacitados y actualizados
Uno de los ejes conceptuales de esta capacitación radica en entender la naturaleza biológica del kiwi frente a otras especies frutales. Según explica Juan Pablo Zoffoli, reconocido experto en postcosecha y docente de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el kiwi se cosecha en un estado de madurez fisiológica que dista significativamente de la madurez final de consumo.
«Tú quieres comer un kiwi que esté listo para consumir. La discusión se basa en eso, en cómo lograr que se manifieste esa madurez de consumo y evitar los errores más frecuentes que se cometen para no llegar a esa maduración óptima», señala Zoffoli.
Entre las equivocaciones técnicas más recurrentes de la industria, Zoffoli destaca la tendencia a cosechar fruta excesivamente inmadura en un intento por conservar la firmeza, o someter la fruta a prolongados almacenamientos a bajas temperaturas apoyados por tecnologías de retención. Estas prácticas terminan limitando severamente la capacidad posterior del fruto para reactivar su proceso natural de ablandamiento y desarrollo de sabores.
Para solucionar este dilema, el académico enfatiza la necesidad de orientar el huerto hacia cosechas con sólidos solubles más avanzados y aplicar técnicas de acondicionamiento previa a la venta o esquemas de premaduración.
«La calidad se tiene que entender finalmente de cómo la está mirando el consumidor», precisa el docente de la PUC. «El consumidor te pide la satisfacción del punto de vista organoléptico (alta materia seca) y después te pide una fruta que esté blanda para poder comérsela. Eso significa que realmente se degrade el almidón y se convierta en azúcar. El productor tiene que producir fruta con alta materia seca y después el exportador preparar la fruta para que logre ablandarse correctamente”.
Otro punto medular abordado en el marco de estos cursos es el rol fundamental de los distribuidores e importadores en los mercados de destino. Para Zoffoli, la cadena de suministro tradicional debe acoplarse con la etapa final de recepción para retroalimentarse de la experiencia real del consumidor.
«Muchas veces no nos damos el tiempo de enseñarles a los importadores, pero para eso tenemos que dominar todos esos aspectos nosotros primero para poder enseñarles», advierte Zoffoli. «Las personas involucradas en la producción y en la venta tienen que entender el producto con mayor propiedad, de manera que le pierdan el miedo a estar mandando una fruta con una menor firmeza”.
Finalmente, Carlos Cruzat, presidente del Comité del Kiwi observó que el objetivo de estas instancias conjuntas es entregar herramientas concretas, y que permitan a quienes trabajan en estas materias, así como a las nuevas generaciones, desarrollar una industria del kiwi chileno con calidad, que compita bien, que entregue el sabor que los consumidores quieren.