Septiembre marca en Chile el tránsito entre el invierno y la primavera y también un cambio progresivo en la oferta de frutas y hortalizas. Mientras comienzan a aparecer nuevos productos, todavía es posible encontrar frutas características de los meses más fríos que destacan tanto por su disponibilidad como por su composición nutricional.
De acuerdo con información de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), entre las frutas presentes durante otoño e invierno se encuentran naranjas, mandarinas, kiwis, manzanas y peras. Pero ¿qué hace particularmente interesantes a estas tres frutas? La investigación científica entrega algunas respuestas.
El kiwi es uno de los frutos que sobresale por su densidad nutricional y, especialmente, por su contenido de vitamina C.
Una revisión científica publicada en European Journal of Nutrition señala que el kiwi verde contiene aproximadamente 92,7 mg de vitamina C por cada 100 gramos, aunque la cantidad puede variar dependiendo de factores como variedad, condiciones de producción, madurez y almacenamiento.
Además de vitamina C, aporta fibra dietaria, potasio, vitamina E, folato y diferentes compuestos bioactivos.
La evidencia científica según Richardson, Ansell y Drummond, The nutritional and health attributes of kiwifruit: a review, European Journal of Nutrition, que ha estudiado particularmente su relación con la salud digestiva. La fibra del kiwi y la presencia de actinidina —una enzima proteolítica característica de esta fruta— son algunos de los componentes que han despertado interés en investigaciones sobre digestión y función gastrointestinal.
Por ello, el kiwi aparece como una alternativa especialmente atractiva para incorporar fruta fresca a la alimentación durante septiembre.
La naranja es probablemente una de las frutas más asociadas al invierno, pero septiembre todavía permite encontrarla ampliamente en el mercado chileno. ODEPA registra durante la primera semana del mes variedades como Navel Late y Lane Late en distintas regiones.
Su aporte de vitamina C es ampliamente conocido, pero los cítricos contienen además flavanonas, entre ellas la hesperidina, compuesto bioactivo que ha sido objeto de numerosos estudios.
Un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados analizó específicamente el efecto de la hesperidina sobre factores de riesgo cardiovascular. Otra revisión de metaanálisis sobre hesperidina publicado en Current Developments in Nutrition y revisión sistemática sobre consumo de jugo de naranja y factores de riesgo cardiovascular, que reunió 15 ensayos clínicos y 639 participantes encontró que el consumo de jugo de naranja estuvo asociado con cambios favorables en algunos indicadores metabólicos, aunque estos resultados no significan que la naranja por sí sola prevenga enfermedades.
Fuji, Granny Smith y Pink Lady figuran entre las variedades de manzana destacadas en Chile y que están disponibles en mercados chilenos. Su disponibilidad, facilidad de transporte y conservación la convierten en una fruta especialmente práctica para el consumo diario.
Desde el punto de vista nutricional, uno de sus atributos es su contenido de fibra y de diferentes compuestos fenólicos.
Una revisión sistemática publicada en Food & Function en 2026 y metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados sobre manzanas y productos derivados.publicada en julio de 2026 examinó 38 estudios de intervención en humanos sobre manzanas y productos derivados. Los investigadores observaron posibles efectos favorables en variables como glicemia, capacidad antioxidante y función vascular en intervenciones de corto plazo, así como señales relacionadas con la microbiota intestinal en estudios de mayor duración. Sin embargo, los propios autores advierten que la evidencia todavía es heterogénea y no permite establecer conclusiones definitivas para todos estos efectos.
Investigaciones anteriores también han estudiado su relación con indicadores cardiometabólicos y cardiovasculares.
Por eso, más que presentar a la manzana como un “alimento milagroso”, la evidencia respalda algo más sencillo: es una fruta que aporta nutrientes y compuestos bioactivos y que puede formar parte habitual de una alimentación equilibrada.
Elegir frutas disponibles durante su período natural de comercialización no es solamente una decisión nutricional. También permite poner en valor la producción frutícola nacional y acercar al consumidor al calendario agrícola.