La variabilidad climática continuará marcando la pauta meteorológica en Chile durante los próximos meses. De acuerdo con las proyecciones del agroclimatólogo del Centro de Investigación de Riesgo y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca, Patricio González Colville, el país transitará desde una primavera atípicamente cálida y húmeda hacia un verano caracterizado por registros térmicos extremos, donde los termómetros podrían situarse en rangos de entre 38 °C y 39 °C en la zona central.
Este comportamiento atmosférico responde a la interacción entre el avance del cambio climático y la influencia del fenómeno de El Niño. Aunque este evento ya se ha manifestado con lluvias intensas y concentradas en cortos periodos —provocando inundaciones y remociones en masa—, el especialista recalca que la alteración de los patrones climáticos exige una preparación constante tanto en las zonas urbanas como en los sectores productivos, ya que la normalidad se ha perdido y predominan los extremos.
Para la temporada primaveral, la combinación de temperaturas elevadas con episodios de humedad y precipitaciones alternadas genera un escenario de alta vulnerabilidad para el sector agrícola, particularmente para la fruticultura en pleno periodo de floración y cuaja. El especialista advierte sobre una mayor propensión al desarrollo de enfermedades fungosas en especies como cerezas, manzanas, peras, uvas y avellanos, además de riesgos asociados a granizadas y heladas tardías durante septiembre, por lo que instó a los agricultores a mantenerse atentos a los pronósticos para programar oportunamente sus aplicaciones sanitarias.
En cuanto al verano, el investigador recordó que condiciones similares se observaron tras el evento de El Niño de carácter fuerte registrado en temporadas anteriores, cuando sectores rurales de la zona centro-sur marcaron récords sobre los 40 °C, como ocurrió en Til-Til con 40.9 °C, Marchigüe con 40.4 °C o Traiguén con 40.1 °C.
Pese a los episodios de precipitaciones que han marcado el año, González enfatizó que estas lluvias no significan el fin de la megasequía que afecta a Chile desde 2007 ni garantizan mayor disponibilidad de agua a futuro. El fenómeno de El Niño interrumpe temporalmente el déficit con eventos puntuales de gran volumen, pero una vez concluida su influencia es probable retomar ciclos de escasez hacia 2028 o 2029. De hecho, el año actual exhibe superávits moderados e incluso déficits en ciudades clave como Santiago (-3.4%), Chillán (-10%) y Puerto Montt (-16.6%), lo que evidencia que los registros distan de inviernos históricos como los de 1982 o 1997 y refuerza la urgencia de fortalecer la infraestructura y la gobernanza hídrica nacional.