El Estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más importantes a nivel global, vive días de profunda parálisis. Desde que estalló el conflicto armado a finales de febrero de 2026, el tránsito de grandes buques portacontenedores se ha reducido de tal manera que hoy es prácticamente inexistente. Esta situación mantiene en vilo a las cadenas de suministro de todo el mundo y amenaza con estrangular las economías locales que dependen directamente de esta vía de comunicación.
La gravedad del escenario queda al descubierto al mirar las cifras. De acuerdo a publicación de PortalPortuario, que cita registros estadísticos de la consultora Kpler y despachos de la Agencia Anadolu, el transporte de mercancías en contenedores es el sector que ha recibido el golpe más duro debido a la extrema falta de seguridad en la zona. Entre el 28 de febrero y el 6 de junio de este año, se contabilizó el paso de 988 embarcaciones por el estrecho. Lo alarmante es que, de ese total, apenas 84 eran portacontenedores.
El resto del tráfico comercial, que suma 904 tránsitos, estuvo compuesto casi en su totalidad por buques petroleros, gaseros y barcos de carga general. En términos porcentuales, los contenedores que mueven productos manufacturados y bienes de consumo apenas representaron un exiguo 8,5% del flujo total, mientras que las industrias energéticas absorbieron el 91,5% restante. El desplome ha sido tan drástico que los analistas pasaron de ver un flujo diario habitual a registrar jornadas de abandono casi absoluto. Por ejemplo, el pasado 6 de junio la actividad en toda la vía navegable tocó su punto más crítico, anotando el paso de solo 4 embarcaciones en todo el día.
Aunque durante los meses de marzo y abril se observaron algunos repuntes aislados y muy breves en el movimiento general de naves, la realidad es que el transporte de carga en contenedores no da señales de recuperación. Esta parálisis prolongada se ha convertido en una crisis logística silenciosa pero devastadora para los países de la región, como Irán, Omán, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
El problema de fondo radica en un desequilibrio muy complejo para la vida cotidiana de las personas. Mientras los barcos petroleros siguen cruzando para exportar el crudo y la riqueza energética que financia a estas naciones, los portacontenedores —que son los encargados de traer de vuelta los alimentos, medicinas y bienes esenciales para la población— se han esfumado. Las consecuencias ya se sienten con fuerza en las calles de Medio Oriente, donde el desabastecimiento en los estantes de los comercios y una fuerte presión inflacionaria están encareciendo aceleradamente el costo de la vida.