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De la genética a la consistencia: El nuevo desafío de la uva de mesa

  • Expertos en genética, producción y retail coincidieron en que una nueva variedad solo genera valor si entrega calidad, sabor y una experiencia consistente que motive al consumidor a volver a comprar.

 

La industria mundial de la uva de mesa ha invertido durante los últimos años en un profundo recambio varietal. Nuevos sabores, calibres mayores, texturas más crocantes, mejores rendimientos y una vida de poscosecha superior han modificado la oferta disponible en los supermercados. Pero después de esa primera gran transformación aparece una pregunta mucho más compleja: ¿Tener nuevas variedades es suficiente para conseguir que el consumidor compre más uvas?

Esa interrogante fue analizada en el panel: “Variedades y el consumidor final, un desafío permanente”, desarrollado durante la Global Grape Convention 2026, realizada recientemente en el Centro de Conferencias Monticello, en Chile, organizada por Yetzen Group, junto al Comité de Uvas de Mesa de Frutas de Chile,  Provid de Perú y México Table Grapes.

El panel reunió a Daniel Desmartis, de Sun World LLC; John Pandol, de Pandol Bros, Estados Unidos; Arturo Hoffmann, de Talsa, Chile-Perú; Manuel Yzaga, de Provid, Perú; Alejandra Contreras, de Loblaw Companies; y Valeria García, de Bloom Fresh. La conversación fue moderada por Rafael Rodríguez, de Uvanova, y Oscar Salgado, de AgroFresh.

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Tras el recambio varietal…la consistencia es un factor determinante

Durante los últimos años, la industria global de la uva de mesa ha destinado esfuerzos e inversiones millonarias a una profunda renovación de sus huertos. En los supermercados comenzaron a verse racimos con bayas notablemente más grandes, texturas firmes y crocantes, perfiles de sabor novedosos y una resistencia poscosecha. Sin embargo, superada esa primera oleada de recambio técnico, el sector enfrenta una encrucijada mucho más profunda: constatar que lanzar nuevas opciones al mercado no garantiza por sí solo que la gente compre más fruta. Y ahí es vital entender por qué una planta, una fruta que brilla agronómicamente en el campo no siempre triunfa en la mesa del hogar.

A lo largo del diálogo emergió una certeza compartida: la consistencia es el factor determinante. La innovación varietal, un empaque llamativo o un nombre atractivo logran que un comprador sienta curiosidad y coloque una bolsa en su carro por primera vez. No obstante, las compras posteriores dependen exclusivamente de que la fruta mantenga siempre la misma calidad, textura y balance de sabor, sin importar la semana del año o el origen del producto. Cuando esa promesa falla, el consumidor migra hacia otras alternativas.

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El análisis del panel observó que en la góndola cotidiana, la uva no compite únicamente contra sí misma, sino contra otras frutas e incluso aperitivos procesados que ofrecen experiencias predecibles. Frente a esa realidad, el concepto de calidad ha dejado de medirse únicamente en niveles de azúcar para centrarse en un equilibrio sensorial completo. Además, la complejidad de los registros y programas genéticos suele diluirse frente al comprador común, quien generalmente decide guiado por la apariencia, el color, el precio y el recuerdo de su última compra, más que por una marca varietal específica. Por otro lado, el retail busca calidad y consistencia que asegure una rotación del producto y disminuir, así las pérdidas.

En cuanto al desarrollo agronómico , los expertos explicaron que también enfrenta desafíos territoriales y climáticos determinantes. Una variedad sobresaliente en un valle puede fracasar en otro si no cuenta con las condiciones adecuadas de temperatura, agua y manejo técnico. Por lo mismo, concluyeron, que la meta de extender las semanas de abastecimiento no puede lograrse a costa de sacrificar el estándar del producto. A esto se suman los retos legales y comerciales vinculados a la propiedad intelectual, el vencimiento de licencias y el financiamiento continuo de la investigación científica, en un contexto donde los desarrolladores deben prever las demandas del mercado con años de anticipación.

Finalmente, al analizar, los expertos mencionaron que en lo que respecta a la cadena productiva,  el foco ya no está en multiplicar catálogos ni en competir exclusivamente por ser los más baratos, sino en asegurar un valor tangible y una experiencia predecible. La verdadera frontera del negocio no radica en cuántas opciones nuevas puedan crearse, sino en la capacidad coordinada de cumplir siempre la promesa de calidad frente a quien consume la fruta en casa.

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