La incertidumbre ha vuelto a instalarse en el corazón de la economía norteamericana. En el marco de la fecha límite para definir el futuro del T-MEC, el gobierno de Donald Trump formalizó ayer su decisión de rechazar la prórroga automática del acuerdo en su formato actual. Aunque el tratado mantendrá su vigencia por los próximos diez años, la negativa estadounidense obliga a sus socios comerciales a ingresar en una dinámica de revisiones anuales, un escenario que ya empieza a pasar factura en los planes de inversión a largo plazo de la región.
El esperado encuentro virtual entre los representantes de los tres países confirmó lo que los gobiernos de México y Canadá ya preveían. A través de un comunicado emitido por la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos, encabezada por Jamieson Greer, Washington dejó en claro que no convalidará una extensión por otros 16 años sin antes resolver lo que considera «deficiencias» estructurales en el pacto. La meta de la Casa Blanca, según analistas locales, es reequilibrar la balanza y reducir los déficits comerciales con sus vecinos bajo la premisa de que Estados Unidos necesita un trato más justo.
A pesar del portazo a la renovación inmediata, las autoridades de las tres naciones se apresuraron a llevar calma a los mercados aclarando que el T-MEC no se rompe ni pierde validez de la noche a la mañana. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y su secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ratificaron que las reglas actuales aseguran la continuidad del comercio formal hasta el año 2036. Ebrard explicó que el paso al «carril» de las auditorías anuales no significa una salida de Washington, descartando que por el momento exista la intención de romper una alianza que requiere un aviso previo de seis meses para cualquier abandono definitivo.
Por el lado canadiense, la postura tampoco tomó por sorpresa a Ottawa. El primer ministro, Mark Carney, ya había enfriado las expectativas un día antes al asegurar con tono pragmático ante la prensa que no esperaba grandes dramatismos ni estaba apurando la firma de ningún documento. Sin embargo, detrás de la calma política se esconde una realidad económica preocupante. La falta de reglas claras a largo plazo ha congelado decisiones empresariales clave: Canadá acumula cinco trimestres consecutivos de caída en la inversión, mientras que el sector automotriz mexicano ha sufrido la pérdida de unos 100.000 puestos de trabajo desde 2025 debido al constante cambio de reglas de juego y los aranceles que Trump ya venía aplicando de forma selectiva.
El T-MEC, que nació en 2020 para reemplazar al histórico NAFTA bajo el impulso del propio Trump en su primer mandato, se enfrenta ahora a una etapa de intensa cirugía estética. Expertos vinculados a la política comercial de Washington anticipan que las discusiones bilaterales se extenderán durante el resto del año y que el resultado final podría transformar profundamente el pacto, abriendo la puerta a acuerdos con anexos separados para México y Canadá en lugar del esquema trilateral unificado que se conocía hasta hoy.