Una investigación recientemente aceptada en Frontiers in Nutrition pone cifras y horizonte temporal a un problema conocido: comer poca fruta sale caro en salud. El estudio cuantifica, para 204 países y territorios, cuántas muertes y años de vida saludables perdidos (DALYs) por cuatro enfermedades cardiovasculares —cardiopatía isquémica, enfermedad cardiaca hipertensiva, enfermedad arterial periférica y aneurisma aórtico— pueden atribuirse a una baja ingesta de frutas y verduras entre 1990 y 2021, y proyecta la tendencia hasta 2044.
El resultado es inquietante aun cuando las tasas ajustadas por edad tienden a bajar, las muertes absolutas aumentan y seguirán haciéndolo, principalmente por el envejecimiento de la población.
El matiz más relevante para el sector frutícola es que la mortalidad por enfermedad cardiaca hipertensiva atribuible a baja ingesta de frutas aumentó en todos los estratos del Índice Sociodemográfico (SDI). Es decir, no es solo un problema de países de ingresos bajos o medianos: el déficit de fruta impacta también en contextos con mayor desarrollo. En términos de distribución, los hombres cargan con mayor carga por aneurisma, EAP y cardiopatía isquémica, mientras que las mujeres concentran más la carga por enfermedad hipertensiva.
El estudio descompone el crecimiento de muertes en dos motores:
Detrás de estas curvas hay una realidad simple: millones de personas no alcanzan la recomendación mínima de la OMS de 400 g al día de frutas y verduras (aprox. cinco porciones), un umbral que reduce el riesgo de enfermedades no transmisibles. La organización subraya además estrategias básicas de acceso y consumo (incluir fruta en snacks, elegir productos de estación y variedad), pero la asequibilidad sigue siendo una barrera estructural.
Los autores llaman a políticas poblacionales equitativas para mejorar la asequibilidad y acceso a frutas y verduras, especialmente en regiones de menor SDI. Eso implica incentivos fiscales, cadenas de suministro más eficientes, compras públicas saludables (escuelas, hospitales), y campañas de promoción con foco en fruta fresca y disponibilidad local. Para productores, exportadores y retail, la evidencia refuerza tres frentes de acción:
Estas medidas no solo tienen retorno sanitario; también amplían demanda efectiva en mercados donde el consumo de fruta está crónicamente por debajo del recomendado.
El Instituto de Métricas y Evaluación en Salud (IHME) sitúa a la baja ingesta de fruta entre los factores dietarios de mayor peso para muerte prematura a nivel mundial. En otras palabras, mejorar el consumo de fruta no es un “extra” nutricional: es un pilar de prevención cardiovascular.
Medidas sugeridas:
Priorizar fruta dentro del “5 al día”: la evidencia cardiovascular sugiere que subir la fruta puede tener efectos particularmente claros sobre la hipertensión y su carga asociada.
Política pública + mercado: los países que abaratan y acercan la fruta verán mejores curvas de mortalidad en la próxima década.
Mensaje simple: llegar a ≥400 g diarios de frutas y verduras sigue siendo un objetivo mínimo, realista y con impacto.