Los arándanos llevan años posicionados entre las frutas más valoradas por su contenido de antocianinas, fibra y otros compuestos bioactivos, pero la investigación científica ha avanzado hacia una pregunta más específica: ¿importa cuánto y de qué manera se consumen?
Una revisión reúne distintos estudios que sugieren que no basta con incorporar arándanos de manera esporádica. La evidencia disponible indica que la cantidad, la regularidad y el formato de consumo pueden marcar diferencias.
Uno de los trabajos citados corresponde a un ensayo clínico aleatorizado publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, que evaluó durante seis meses a adultos con síndrome metabólico.
La investigación, desarrollada por científicos de universidades británicas y estadounidenses, comparó el consumo diario equivalente a una taza de arándanos frescos, una cantidad menor y un placebo. El estudio encontró mejoras en algunos indicadores de función cardiovascular en el grupo que consumió la mayor cantidad de arándanos.
El trabajo fue liderado por Peter J. Curtis, investigador del Departamento de Nutrición y Medicina Preventiva de la Norwich Medical School de la University of East Anglia, junto con científicos de las universidades de Southampton, Surrey, Cambridge y Harvard.
De acuerdo con los antecedentes el grupo que consumió alrededor de 150 gramos diarios, equivalentes aproximadamente a una taza de arándanos frescos, mostró mejoras en la capacidad de dilatación de las arterias y en determinados parámetros de rigidez arterial.
En cambio, la dosis equivalente a media taza no produjo los mismos cambios.Los investigadores estimaron que la magnitud de esas mejoras cardiovasculares podría asociarse teóricamente con una reducción del riesgo cardiovascular, aunque se trata de una estimación y no de una disminución de eventos cardiovasculares medida directamente en el estudio.
Otro aspecto relevante para productores, comercializadores y consumidores es qué ocurre cuando la fruta se congela.
Diversos estudios citados en la revisión indican que la congelación puede conservar buena parte de las antocianinas, pigmentos naturales responsables del característico color azul y morado de estas berries.
Esto abre una ventaja desde el punto de vista comercial, ya que amplía las posibilidades de consumo fuera de temporada y permite extender la vida útil del producto sin eliminar necesariamente sus principales compuestos bioactivos.
La situación sería diferente en productos deshidratados, donde determinados estudios han observado mayores pérdidas de antocianinas durante el procesamiento y almacenamiento.
Uno de los puntos más interesantes de la evidencia tiene relación con el formato de consumo. Un análisis de tres grandes estudios prospectivos realizados en Estados Unidos encontró que un mayor consumo de determinadas frutas enteras, incluidos los arándanos, se asoció con un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
En el caso específico de los arándanos, el consumo de aproximadamente tres porciones semanales se asoció con una reducción del riesgo en el seguimiento poblacional. Por el contrario, un mayor consumo de jugos de fruta se relacionó con un aumento del riesgo.
Es importante precisar que este tipo de investigación es observacional: permite identificar asociaciones entre alimentación y salud, pero no demuestra por sí sola que el consumo de arándanos sea la causa directa de la diferencia observada.
Una de las posibles explicaciones está en que al consumir la fruta completa se mantiene la piel y la fibra, elementos que se reducen o eliminan en muchos jugos.
Además, gran parte de las antocianinas se concentra precisamente en la piel del fruto.
La revisión también recoge estudios sobre envejecimiento cognitivo. Uno de ellos siguió a más de 16.000 mujeres mayores de 70 años y encontró que aquellas con un mayor consumo de berries, principalmente arándanos y frutillas, presentaban una tasa más lenta de deterioro cognitivo.
Nuevamente, se trata de una asociación observacional y no de una prueba definitiva de causalidad, pero los resultados han impulsado nuevas investigaciones sobre flavonoides y envejecimiento cerebral.
Un asunto que ha generado especial interés es la combinación de berries con plátano en batidos. Un estudio publicado en 2023 analizó el efecto de la polifenol oxidasa, una enzima presente en altas concentraciones en el plátano, sobre la disponibilidad de determinados flavanoles.
Los investigadores observaron que un batido elaborado con plátano produjo niveles sanguíneos de esos compuestos considerablemente inferiores a los registrados con otras formas de administración.
Sin embargo, este resultado debe interpretarse con cautela.
El experimento incluyó pocos participantes y analizó principalmente flavanoles procedentes del cacao, no las antocianinas características del arándano. Por eso, actualmente no existe evidencia suficiente para afirmar que mezclar plátano con arándanos anule los beneficios de esta fruta.
Más allá de las tendencias asociadas a los llamados “superalimentos”, los estudios sobre arándanos están avanzando hacia una comprensión más detallada de sus componentes y de cómo interactúan con el organismo.
La evidencia disponible apunta principalmente al consumo frecuente de fruta entera, ya sea fresca o congelada, dentro de una alimentación equilibrada.
Para la cadena productiva del arándano, este tipo de investigaciones también abre una dimensión comercial relevante: no solo refuerzan el interés por sus atributos nutricionales, sino que permiten comunicar con mayor precisión las diferencias entre fruta fresca, congelada, deshidratada y procesada.
La ciencia, sin embargo, mantiene una advertencia fundamental: ningún alimento por sí solo previene enfermedades y los beneficios observados deben entenderse dentro del conjunto de la dieta y los hábitos de vida.lismo.