Lavar frutas y verduras antes de consumirlas es una de las prácticas básicas de inocuidad alimentaria en el hogar. Sin embargo, agregar jabón, detergente o determinados productos de limpieza no necesariamente hace que el alimento sea más seguro y, según advierte la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), podría incluso representar un riesgo para la salud.
La recomendación adquiere especial interés para consumidores de fruta fresca, ya que la FDA señala expresamente que no recomienda lavar frutas y verduras con jabón, detergente ni productos comerciales destinados al lavado de vegetales.
La razón está relacionada con las características de los propios alimentos. De acuerdo con la agencia estadounidense, los productos frescos son porosos y el jabón y los detergentes domésticos pueden ser absorbidos por frutas y verduras, incluso cuando posteriormente son enjuagados cuidadosamente.
La FDA advierte que estos residuos pueden provocar enfermedades.
En el caso de los productos comerciales que se promocionan específicamente para el lavado de frutas y verduras, la autoridad añade que se desconoce la seguridad de los residuos que pueden dejar y que su eficacia no ha sido comprobada.
¿Entonces cuál es la forma correcta de limpiar una fruta antes de consumirla? La FDA recomienda lavar bien los productos frescos bajo agua corriente antes de prepararlos o comerlos, independientemente de si fueron cultivados en un huerto doméstico, adquiridos en un supermercado o comprados en un mercado.
El procedimiento es sencillo: mantener la fruta o verdura bajo agua corriente mientras se frota suavemente su superficie.
La agencia recalca que el lavado puede ayudar a reducir las bacterias presentes en los alimentos, pero no necesariamente las elimina por completo.
Por esta razón, la manipulación antes y después del lavado también es relevante para disminuir el riesgo de contaminación.
Uno de los puntos que enfatiza la FDA es que las frutas deben lavarse antes de pelarlas o cortarlas, incluso cuando la cáscara no será consumida.
La explicación es que suciedad, microorganismos u otros contaminantes presentes en la superficie pueden trasladarse hacia la pulpa mediante el cuchillo durante el corte.
Esto resulta especialmente relevante en frutas como melones, sandías, mangos, paltas y otros productos cuya piel normalmente no se consume.
La FDA aconseja además utilizar un cepillo limpio para frutas y verduras cuando se trate de productos firmes, como melones o pepinos.
Después del lavado, secarlos con una toalla de papel o un paño limpio puede ayudar a reducir todavía más la cantidad de bacterias presentes en su superficie.
La distinción es importante.La FDA sí recomienda que las personas se laven las manos durante al menos 20 segundos con agua tibia y jabón antes y después de preparar frutas y verduras frescas.
También recomienda utilizar agua caliente y jabón para limpiar tablas de cortar, cuchillos, platos, mesones y otros utensilios de cocina.
Pero ese mismo jabón no debe utilizarse directamente sobre frutas y hortalizas.
La agencia también señala que no deben utilizarse detergentes ni soluciones de lejía o cloro para lavar los productos frescos.
Antes de preparar frutas y verduras, la FDA recomienda revisar su condición.
Las zonas dañadas o golpeadas deben cortarse y eliminarse antes de consumir el producto, mientras que aquellos alimentos que presenten signos evidentes de podredumbre deben descartarse.
La autoridad explica que los productos frescos pueden contaminarse en distintas etapas de la cadena.
Esto puede ocurrir durante su producción debido al contacto con animales, suelo, agua u otras fuentes de contaminación; durante la cosecha y manipulación; en el transporte y comercialización; o posteriormente en el hogar.
Por ello, una correcta higiene sigue siendo relevante incluso en productos que visualmente parecen limpios.
No necesariamente.La FDA indica que muchos productos frescos precortados, envasados o embolsados llegan al consumidor identificados como “prelavados” o “listos para comer”.
Cuando el envase así lo indica, pueden consumirse sin realizar un nuevo lavado.
Si el consumidor decide lavarlos nuevamente, la recomendación es evitar que entren en contacto con superficies, utensilios o manos contaminadas, ya que esto podría generar contaminación cruzada.
La recomendación de la FDA también permite aclarar una idea frecuente entre los consumidores: lavar una fruta no significa esterilizarla.
El organismo explica que el proceso ayuda a reducir las bacterias que podrían estar presentes en su superficie, pero no asegura su eliminación total.
Por ello, además del agua corriente, son importantes la higiene de las manos y utensilios, la separación entre alimentos crudos de origen animal y productos frescos, y una correcta refrigeración cuando corresponda.
Para frutas y verduras perecibles, como berries, lechugas, hierbas y hongos, la FDA recomienda mantener una adecuada cadena de frío.
En definitiva, para el consumo doméstico de frutas y verduras frescas, la recomendación oficial estadounidense es bastante simple: agua corriente, manos y utensilios limpios y una correcta manipulación, evitando agregar jabón, detergentes, cloro u otros productos que no están recomendados para limpiar directamente los alimentos.
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