Con una mirada puesta en lo que será esta próxima temporada, la Sociedad Nacional de Agricultura reunió ayer miércoles a representantes de los distintos sectores del agro nacional, en el seminario “¿Cómo viene la temporada 2026-2027?”, y que convocó a productores, exportadores, viveristas, agroindustria, banca y actores vinculados al desarrollo del sector agrícola y frutícola chileno.
El encuentro buscó abrir un espacio de análisis sobre las proyecciones, desafíos y oportunidades que enfrentará la agricultura en la próxima temporada. Reflexión que en la Mesa Redonda II –moderada por Eduardo Olivares Concha, editor de Economía y Negocios de El Mercurio-, contó con las miradas de Iván Marambio Castaño, presidente de Frutas de Chile; Alfonso Undurraga Marimon, presidente de Vinos de Chile; y Juan Manuel Mira, presidente de Chilealimentos.
Aunque el panel abordó distintas realidades productivas, desde la fruta fresca hasta el vino y los alimentos procesados, Iván Marambio instaló con fuerza los temas que hoy cruzan a la fruticultura de exportación: crecer, pero con calidad; abrir mercados, pero con disponibilidad de fruta; resolver el problema del agua; avanzar en flexibilidad laboral; fortalecer el SAG; e invertir con decisión en marca país.

Al abrir su análisis, el presidente de Frutas de Chile sostuvo que las perspectivas para la fruticultura nacional son de crecimiento, aunque remarcó que ese avance debe estar asociado a un atributo indispensable: la calidad. «Las perspectivas es que vamos a crecer, pero lo vamos a hacer con calidad. Estamos trabajando mucho en eso y pensamos que vamos a tener, cada vez más, mejores frutas que ofrecer al mundo, y eso es lo que nos interesa, el crecimiento con calidad”, señaló Marambio.
El dirigente gremial recordó que la temporada frutícola se mide entre el 1 de septiembre y el 31 de agosto, por lo que el sector todavía se encuentra transitando la temporada 2025-2026. En ese contexto, entregó cifras relevantes para entender el desempeño exportador reciente.
Según explicó, a la semana 45 de la temporada 2025-26, correspondiente a la semana 23 del año calendario, los volúmenes exportados de fruta fresca registraban una baja cercana al 3% en comparación con la temporada anterior. Sin embargo, el valor exportado describe un incremento de 5%, acercándose a los US$ 7.000 millones, frente a los cerca de US$6.500 millones observados a igual fecha del año previo.
Para Marambio, esa diferencia entre volumen y valor entrega una señal relevante para el sector: Chile puede estar exportando menos cantidad, pero capturando mejores precios. “Vamos bajando el volumen, pero vamos subiendo el precio”, indicó, destacando que este fenómeno se observa especialmente en frutas de mayor calidad y por lo mismo, valor.
En su intervención, el líder de los fruteros se refirió a especies que sobresalen dentro de la canasta frutícola chilena. En el caso de la cereza, explicó que se observó una baja de 9% en volumen, pero una caída de solo 2% en precios, lo que a su juicio significa que, en términos generales, la cereza obtuvo mejores retornos para Chile que en la temporada anterior. Añadió que en el caso de la uva de mesa, los volúmenes retrocedieron 14%, pero los precios aumentaron levemente. Esta situación, según el abogado, confirma que el mercado está reconociendo valor, cuando el producto logra responder a los estándares exigidos.
Uno de los puntos relevados dentro de su análisis fue la palta, producto que calificó como una excepción dentro del panorama competitivo chileno. Sostuvo que, en varias especies – arándanos, manzanas, cerezas, vinos, entre otras.; Chile enfrenta competidores que hoy son percibidos con mejor calidad y ante eso hay todo un desafío. Sin emabargo, “la palta es el único producto que Chile tiene por lejos la mejor calidad, y tiene que convertirse en un embajador de la Marca Chile, que es uno de los desafíos que tenemos por delante”, afirmó.
Para el dirigente no basta con producir bien, sino que también es necesario que los mercados internacionales perciban a Chile como un origen de excelencia.
Consultado por la diversificación de mercados y la dependencia de algunos destinos, Marambio planteó que el sector frutícola enfrenta tres grandes desafíos: uno “interno-interno”, uno interno y uno externo.
El primero, explicó, tiene que ver con la forma en que la agricultura se muestra ante la sociedad chilena. A su juicio, el agro no siempre es visto con la fuerza que corresponde como un pilar del desarrollo económico nacional. “Nosotros tenemos un desafío interno-interno como lo he definido, , y un desafío externo. El interno-interno es el desafío de mostrarnos, tenemos ,como sector agrícola , darnos a conocer a la sociedad como un pilar de crecimiento”, sostuvo.
Agregó que «debemos proyectarnos como una actividad innovadora, tecnológica y moderna, y no como una industria anclada en el pasado. Tenemos que mostrarnos ,además ,como un sector innovador, de punta, de tecnología”, enfatizó.
Para el presidente de Frutas de Chile, además, la fruticultura debe instalar con mayor claridad su aporte en empleo, inversión, desarrollo regional y generación de divisas para el país y los chilenos

El segundo gran eje planteado por Marambio fue el agua. Si bien, reconoció que existen oportunidades relevantes para crecer en nuevos mercados, advirtió que esa expansión solo será posible si Chile cuenta con fruta suficiente para abastecerlos.
En este aspecto, el representante del gremio puso como ejemplo el sudeste asiático, India y África. Según señaló, las exportaciones chilenas de fruta fresca al sudeste asiático representan apenas el 1% de los más de 3 millones de toneladas que exporta el país. En India, indicó, la participación es igualmente baja, mientras que en África prácticamente no existe presencia.
Para el presidente de Frutas de Chile, el problema no está en la falta de oportunidades, sino en la capacidad productiva futura. “Las oportunidades son todas. Lo que podemos crecer en esos mercados, pero con qué fruta. ¿Pero de dónde viene? ¿De dónde viene la fruta si no tenemos agua? Ese es el problema”, señaló.
En ese contexto, adelantó que Frutas de Chile está trabajando junto a Acades en un modelo de negocio para abordar el problema hídrico, con foco inicial en la Región de Coquimbo, una de las zonas más golpeadas por la escasez de agua y la pérdida de superficie productiva.
“Nosotros queremos devolver las 40.000 hectáreas y ese va a ser nuestro objetivo, que se deben seguir regando en la Región de Coquimbo”, afirmó.
Precisó que el gremio no está pidiendo al Estado que financie completamente estas soluciones, sino que busca presentar ideas concretas a la autoridad para avanzar en modelos viables e indicó, Frutas de Chile se ha puesto como meta regar 100.000 hectáreas.
El impacto potencial, aseguró, sería significativo, «pues 100.000 hectáreas bajo riego podrían representar US$ 8.000 millones anuales de crecimiento y 160.000 empleos permanentes». Para ello, estimó que se requerirían 25.000 litros por segundo y una inversión de US$ 15.000 millones.

El panel también abordó la necesidad de diversificar destinos de exportación. Desde la agroindustria, Juan Manuel Mira, presidente de Chilealimentos, coincidió en que existen oportunidades en múltiples mercados, aunque advirtió que para llegar a destinos más lejanos es necesario superar barreras logísticas.
Mira explicó que los tiempos de tránsito hacia mercados como India pueden alcanzar 60, 70 u 80 días en barco, lo que reduce la factibilidad para ciertas frutas frescas. En el caso de la agroindustria, reconoció que hay menos restricciones por vida útil, aunque igualmente existe competencia de proveedores más cercanos.
El presidente de Chilealimentos señaló que las empresas chilenas están apostando por alimentos sustentables, inocuos, de calidad y con mayor valor agregado. Destacó que, en comparación con 10 años atrás, el uso de agua para producir una tonelada se ha reducido en 50%, que la energía eléctrica proviene de fuentes renovables y que existen plantas de tratamiento de agua de última tecnología.
En esa línea, mencionó casos como el jugo de uva, donde las empresas buscan responder a requerimientos específicos de grandes fabricantes internacionales, entregando atributos como antioxidantes, color y aroma. También destacó que cerca del 50% de la producción nacional de manzanas se procesa en jugos, pulpas, deshidratados y congelados, lo que refleja la relevancia de la agroindustria como complemento estratégico de la fruta fresca.
Juan Manuel Mira entregó una visión optimista sobre el desempeño de los alimentos agroprocesados. Señaló que Chilealimentos representa un gremio diverso, con sectores como conservas, fruta congelada, jugos, pastas y otros productos con comportamientos distintos.
Según indicó, en los últimos 10 años el sector ha crecido en promedio más de 5%, mientras que en los últimos cinco años el crecimiento promedio ha llegado a 11%. Actualmente, las exportaciones de alimentos agroprocesados alcanzan cerca de US$ 3.400 millones a más de 100 países, y la expectativa es cerrar el año con un crecimiento de alrededor de 6%, llegando a unos US$ 3.700 millones.
Entre los motores de ese avance mencionó el desarrollo del avellano europeo, con cerca de 50.000 hectáreas, además de una mayor estabilidad en nueces y un fuerte crecimiento de los berries congelados, especialmente arándanos.
Mira sostuvo que Chile exporta alrededor de US$ 715 millones en berries congelados, donde los arándanos congelados son protagonistas. También destacó nuevas inversiones en el sur del país en líneas de frío, almacenamiento e infraestructura para sostener el crecimiento. En frambuesa, mencionó nuevas plantaciones de aproximadamente 2.000 hectáreas con variedades que podrían alcanzar rendimientos de 15.000 kilos por hectárea, muy por encima de los niveles deprimidos que se observaron en zonas tradicionales.
Desde el sector vitivinícola, Alfonso Undurraga, presidente de Vinos de Chile, entregó una mirada más cauta. Reconoció que la industria viene de varios años complejos y que 2023 fue uno de los más difíciles de la historia reciente del sector.
Aunque señaló que desde entonces ha existido una recuperación gradual, advirtió que factores internacionales, como la guerra en Medio Oriente y sus efectos sobre el transporte, impactaron el ritmo exportador. Hasta marzo, dijo, las exportaciones venían con un crecimiento sano, pero desde abril se observó una pequeña caída.
Undurraga explicó que la industria chilena del vino cambió profundamente en las últimas décadas. Mientras en los años 90 estaba mayoritariamente orientada al mercado interno, hoy exporta cerca del 75% de su producción. Esa alta dependencia del comercio exterior la expone directamente a la caída del consumo mundial de vino.
En términos productivos, indicó que Chile llegó a tener más de 140.000 hectáreas dedicadas al vino, siendo la segunda actividad que más superficie ocupa después del trigo. Sin embargo, reconoció que se ha producido un ajuste relevante, con cerca de 30.000 hectáreas arrancadas en los últimos años.
Pese a ese escenario, planteó que la temporada muestra señales positivas. Los precios de uvas tintas estuvieron en torno a 240 y 250 pesos por kilo, mientras que los blancos llegaron a 400 pesos. “Claramente el blanco es la novia de la fiesta”, señaló, apuntando a una demanda creciente por vinos blancos, frescos y de menor graduación alcohólica.

Hacia el cierre del panel, la conversación abordó uno de los temas más sensibles para el agro: la flexibilidad laboral. Tanto la agroindustria como la fruticultura coincidieron en que las características estacionales del sector requieren normas adaptadas a la realidad productiva.
Marambio fue enfático al señalar que la agricultura no puede ser tratada igual que otros sectores de la economía. “La flexibilidad laboral es muy necesaria. No puede ser que el agro en general sea tratado de la misma forma que el retail”, afirmó.
El presidente de Frutas de Chile explicó que el agro depende de temporadas, condiciones climáticas, olas de calor, olas de frío y ventanas de cosecha que no pueden postergarse. “La cosecha no espera”, sostuvo, remarcando que la rigidez normativa puede afectar la competitividad y la calidad final de los productos.
Desde la agroindustria, Juan Manuel Mira también subrayó que muchas empresas realizan inversiones de alto costo que se utilizan intensivamente durante tres o cuatro meses al año, por lo que requieren operar con personal especializado y turnos adecuados. A su juicio, considerar un régimen especial para el mundo agroindustrial es un factor básico de competitividad, especialmente porque otros países competidores ya cuentan con herramientas de ese tipo.
Además de la flexibilidad laboral, Marambio planteó la necesidad de fortalecer institucionalmente al Servicio Agrícola y Ganadero. Para el líder gremial, el SAG debe contar con financiamiento claro, ordenado y permanente en la Ley de Presupuestos, con una glosa especial que permita sostener las inversiones fitosanitarias que requiere el sector exportador.
Dicha demanda apunta a un aspecto central para la fruticultura chilena: la apertura y mantención de mercados depende en gran medida de la confianza sanitaria que logre proyectar el país. En un mundo donde las exigencias fitosanitarias son cada vez más estrictas, la capacidad técnica y operativa del SAG se vuelve un componente estratégico de la competitividad.
Otro de los puntos centrales de la intervención del presidente de Frutas de Chile fue la necesidad de invertir en la promoción de la Marca Chile. A su juicio, el país cuenta con productos de calidad, pero no siempre logra que esa calidad sea reconocida en los mercados internacionales.
“Necesitamos recursos para potenciar la Marca Chile, ella es fundamental. ¿Por qué Perú pegó un salto? No solamente por su trabajo agroindustrial y frutícola en el desierto, lo hizo porque invirtió en su marca. ¿Por qué Nueva Zelandia es top en el mundo? Porque invirtió fuertes sumas en la marca país”, afirmó.
El líder de los exportadores de frutas frescas sostuvo que la calidad también depende de la percepción. “No nos perciben como el mejor salmón, no nos perciben como la mejor manzana, no nos perciben como el mejor vino, independiente de que seamos los mejores”, planteó.
En la misma línea, Alfonso Undurraga coincidió en que la imagen país es un talón de Aquiles para los exportadores chilenos. Señaló que el vino compite con países como Francia, Italia y España, que cuentan con siglos de historia y posicionamiento internacional. Para el presidente de Vinos de Chile, si el país quiere vender “bueno, bonito y caro”, necesita herramientas equivalentes a las de sus competidores, incluyendo apoyo público para promocionar la marca Chile.
Redacción News Frutas de Chile