Mientras gran parte de la industria mundial de la palta busca soluciones en nuevas tecnologías de riego, sensores, automatización y genética vegetal, un grupo de científicos europeos encontró una respuesta inesperada bajo la superficie del suelo: las bacterias que viven junto a las raíces.
La investigación, liderada por la Universidad de Málaga (UMA) y el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora (IHSM-CSIC), concluyó que los suelos manejados bajo agricultura ecológica durante más de 20 años desarrollan comunidades microbianas capaces de mejorar significativamente la tolerancia de los paltos al déficit hídrico. El trabajo fue publicado en la prestigiosa revista científica npj Biofilms and Microbiomes, perteneciente al grupo Nature.
El estudio lleva por título «Long-term organic farming shapes the avocado rhizosphere microbiota through the enrichment of drought-tolerant Bacillus spp» y podría tener importantes implicancias para países productores como Chile, Perú, México, Colombia, Sudáfrica y España.
Los investigadores estudiaron dos huertos comerciales de aguacate ubicados en La Axarquía, una de las principales zonas productoras de España y que en los últimos años ha enfrentado una intensa escasez hídrica.
Uno de los huertos llevaba más de dos décadas bajo manejo orgánico, mientras que el otro operaba bajo un sistema convencional. El objetivo era determinar cómo el manejo agrícola influye sobre la microbiota que rodea las raíces de los árboles y si esa comunidad microbiana tiene algún efecto sobre la capacidad de las plantas para soportar la sequía.
Los resultados mostraron diferencias importantes. Los suelos manejados orgánicamente presentaban una mayor disponibilidad de fósforo, mejor contenido de humedad, una relación carbono/nitrógeno más favorable y, especialmente, una abundancia significativamente superior de bacterias pertenecientes a la familia Bacillaceae.

Los científicos identificaron tres cepas particularmente prometedoras:
Posteriormente aislaron estos microorganismos y los evaluaron en condiciones controladas de invernadero sometiendo plantas de aguacate a estrés hídrico.
Los resultados fueron contundentes, ya que las plantas inoculadas con Bacillus halotolerans lograron conservar una mayor biomasa y mostraron una respuesta fisiológica más eficiente frente a la falta de agua. Incluso se observó una reducción en la acumulación de prolina foliar, un indicador ampliamente utilizado para medir estrés hídrico en las plantas.
Según los investigadores, Blanca Ruiz-Muñoz , Kevin M. Bretscher , Víctor J. Carrión , Francisco M. Cazorla y José A. Gutiérrez-Barranquero, estas bacterias actúan como una especie de «escudo biológico» que ayuda a los árboles a enfrentar condiciones ambientales adversas.
Para la industria chilena de la palta, el hallazgo adquiere especial relevancia. Las regiones de Valparaíso y Coquimbo concentran buena parte de la superficie nacional plantada y han debido enfrentar más de una década de sequía estructural.
En este contexto, cualquier herramienta que permita aumentar la eficiencia fisiológica de los árboles frente al estrés hídrico genera gran interés técnico y económico.
Desde el punto de vista agronómico, el estudio refuerza una tendencia cada vez más visible en la agricultura moderna: la importancia del microbioma del suelo como factor determinante de la productividad. Esto es la demostración que los microorganismos del suelo también forman parte esencial del sistema productivo.
Uno de los aspectos más innovadores de la investigación es que plantea una nueva mirada sobre la agricultura del futuro. Los autores sugieren que no basta con seleccionar mejores plantas; también es necesario manejar y fortalecer las comunidades microbianas que interactúan con ellas.
José Antonio Gutiérrez-Barranquero, uno de los investigadores principales del trabajo, resumió este enfoque señalando:»No solo se trata de cultivar plantas, sino también de gestionar y entrenar los microorganismos del suelo». La afirmación refleja una visión que está ganando terreno en los principales centros de investigación agrícola del mundo: la resiliencia climática podría depender tanto de las raíces como de los microorganismos que viven alrededor de ellas.
El estudio también entrega argumentos científicos para respaldar el desarrollo de bioinsumos basados en microorganismos beneficiosos.
Actualmente existe una creciente industria dedicada a producir inoculantes biológicos capaces de mejorar la nutrición, el crecimiento y la resistencia de las plantas.
Los resultados obtenidos por el equipo de Málaga sugieren que cepas específicas de Bacillus podrían transformarse en futuras herramientas comerciales para cultivos sometidos a estrés hídrico.
Además, el trabajo aporta evidencia sobre los beneficios de prácticas agrícolas que promueven la salud del suelo, como el uso de materia orgánica, cultivos de cobertura y reducción del uso intensivo de insumos químicos.
Más allá de la palta, la principal conclusión del estudio es que el suelo deja de ser visto únicamente como soporte físico de los cultivos para convertirse en un activo biológico estratégico.
En un escenario donde la agricultura deberá producir más alimentos utilizando menos agua y enfrentando condiciones climáticas cada vez más extremas, comprender cómo funcionan estos ecosistemas microscópicos podría marcar la diferencia.
Redacción News Frutas de Chile según información del estudio y la Universidad de Málaga aquí