La reutilización del agua aparece cada vez con más fuerza como una de las alternativas para enfrentar la escasez hídrica estructural que afecta a Chile, pero avanzar a una mayor escala requerirá resolver desafíos de financiamiento, regulación, infraestructura y coordinación entre los distintos usuarios.
Ese fue uno de los principales consensos del seminario “Desafíos del reúso de agua en Chile”, organizado por la Sociedad del Canal de Maipo (SCM) y el Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), encuentro que además marcó el inicio de las actividades conmemorativas por los 200 años que cumplirá la SCM en 2027.
Durante la jornada, representantes del sector público, especialistas nacionales e internacionales y actores vinculados a la gestión del agua coincidieron en que la tecnología para tratar y reutilizar aguas ya existe. El desafío está ahora en generar condiciones que permitan implementar proyectos de mayor escala y definir con claridad qué calidad de agua se requiere dependiendo de sus distintos usos.
En la apertura, el biministro de Obras Públicas y de Transportes y Telecomunicaciones, Louis de Grange, planteó la necesidad de ampliar el sistema de concesiones hacia nuevos ámbitos de infraestructura, incluyendo el sector hídrico.
La autoridad destacó las posibilidades que ofrece este modelo para proyectos como desaladoras y embalses, especialmente cuando existe un servicio asociado que puede contribuir a financiar su construcción y operación.
De Grange señaló que el agua, la conectividad regional y las concesiones se encuentran entre los principales ejes de su gestión, e invitó a analizar qué nuevos sectores podrían incorporarse a un sistema que ha permitido desarrollar infraestructura de gran escala en Chile.
Uno de los casos internacionales presentados fue el de Monterey One Water, empresa pública de California, Estados Unidos.
Su gerente general, Paul Sciuto, explicó que la entidad ha desarrollado un avanzado sistema de purificación y reutilización que permite reciclar cerca del 80% de sus afluentes, abasteciendo parte importante de las necesidades agrícolas y urbanas de la zona.
Sciuto enfatizó que el principal desafío ya no está necesariamente en la tecnología, sino en alcanzar acuerdos entre actores públicos y privados, controlar los costos energéticos y generar confianza entre los usuarios.
La experiencia de California muestra además las posibilidades del tratamiento avanzado de aguas residuales como fuente complementaria para territorios afectados por sequías y menor disponibilidad hídrica.
Desde una perspectiva climática, el glaciólogo y director del Instituto Antártico Chileno, Gino Casassa, advirtió sobre el papel que cumplen los glaciares cordilleranos en la regulación de los caudales durante el final del verano, cuando la acumulación de nieve estacional ya ha disminuido considerablemente.
Casassa estimó una reducción de al menos un 10% en los caudales de la cuenca del Maipo hacia 2050, reforzando la necesidad de incorporar el cambio climático, la evolución de los glaciares y otros factores ambientales en la planificación hídrica de largo plazo.
El presidente de la Sociedad del Canal de Maipo, Emilio Cousiño, sostuvo que la situación hídrica de la cuenca de Santiago ya no puede entenderse como un fenómeno temporal.
A su juicio, aumentar la resiliencia del territorio requerirá modernización tecnológica, inversiones y acuerdos políticos capaces de sostenerse en el tiempo.
El desafío, señaló, es mirar hacia las próximas décadas y avanzar hacia una gestión que permita responder a escenarios de mayor variabilidad climática y menor disponibilidad del recurso.
La exministra de Agricultura y académica María Emilia Undurraga puso el foco en otro de los problemas centrales: la gobernanza.
Actualmente, el reúso directo de agua en Chile alcanza apenas un 5,5%, cifra que, según planteó, evidencia el espacio existente para avanzar en esta materia.
Undurraga sostuvo que el mayor obstáculo no es tecnológico, sino la falta de certezas regulatorias y de acuerdos entre los diferentes actores.
En ese contexto, llamó a evitar contraponer el uso agrícola y el consumo humano, considerando que la producción de alimentos también constituye un componente estratégico para el país.
La discusión dejó así instalada una conclusión transversal: frente al cambio climático, la disminución de reservas naturales y la creciente presión sobre las cuencas, Chile deberá avanzar hacia una matriz hídrica más diversificada, en la cual el reúso, la eficiencia, la infraestructura y la gestión integrada del recurso jugarán un papel cada vez más relevante.