Argentina está retomando protagonismo como mercado para la oferta agroalimentaria chilena, especialmente para la fruta fresca, después de años en que su peso relativo se había reducido por restricciones económicas, comerciales y cambiarias. Hoy, el escenario comenzó a cambiar y el país vecino vuelve a instalarse como una plaza de creciente interés para exportadores de paltas, cerezas, cítricos, arándanos y otras especies, impulsado por una mayor apertura económica, una demanda más activa y una menor disponibilidad local en algunos rubros.
De acuerdo con cifras difundidas por ProChile a la Revista de El Campo de El Mercurio, las exportaciones chilenas de agroalimentos hacia Argentina sumaron US$ 374 millones en 2025, lo que representó un alza de 71% frente a los US$ 219 millones registrados en 2024. Desde ProChile, su director general Ignacio Fernández afirmó que, “en el contexto de una mayor apertura de la economía trasandina, vemos que existe más interés por parte de las empresas chilenas en reforzar los lazos comerciales con sus pares en Argentina y, también, hay más interés del consumidor argentino por probar los productos chilenos”. La misma fuente destacó como casos emblemáticos de este nuevo dinamismo a las paltas, con US$ 89 millones y un alza de 113%, y al salmón, con US$ 52 millones y un crecimiento de 83,9%.
En fruta fresca, el avance también se refleja en volumen. Según datos de Frutas de Chile a febrero de 2026 los embarques chilenos al mercado argentino crecían 14% respecto de la temporada anterior, bordeando las 50 mil toneladas, lo que convierte a Argentina en el principal destino latinoamericano para la fruta chilena durante la actual campaña.
Para Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, se trata de una recuperación con señales concretas: “Si bien Argentina históricamente ha sido un mercado relevante, especialmente en kiwis, paltas y manzanas, en los últimos años su importancia relativa había disminuido debido a su situación económica. Sin embargo, en las últimas dos temporadas se observa una recuperación clara, con crecimiento sostenido, lo que marca un punto de inflexión”. La declaración fue consignada por Revista del Campo en la nota reproducida por Simbiu.
El asesor frutícola Mariano Winograd sostuvo, según el mismo reportaje, que el país experimentó un giro económico y político que terminó con varias de las restricciones que durante años afectaron al comercio exterior. En su análisis, la actual apertura importadora, la libre disponibilidad de divisas y el rezago de inversión en parte del sector frutihortícola argentino generaron condiciones más favorables para el ingreso de fruta chilena. Winograd señaló que el atraso tecnológico y la menor modernización en algunos segmentos productivos han abierto más espacio para la oferta proveniente de Chile, particularmente en especies como palta, uva, frutas de carozo y tomate.
La cercanía geográfica también aparece como una ventaja estructural. La posibilidad de exportar por vía terrestre reduce tiempos y costos logísticos frente a otros destinos, algo especialmente relevante en productos frescos y perecibles. Esa condición permite sostener mejor la calidad a destino y fortalece la competitividad chilena frente a otros orígenes. Marambio remarcó, en declaraciones publicadas por Revista del Campo, que Argentina “es un consumidor exigente, que valora la fruta de calidad”, lo que refuerza la necesidad de mantener altos estándares en trazabilidad, inocuidad y cumplimiento fitosanitario.
También se indica que en la temporada 2024-2025 los envíos chilenos de palta a Argentina alcanzaron 29.370 toneladas, frente a 8.112 toneladas de la campaña 2023-2024, un salto de más de 21 mil toneladas en un año. Para la temporada 2025-2026, los despachos ya llegaban a 31.783 toneladas al cierre de la semana 8 de 2026, manteniendo a Argentina como uno de los destinos regionales más relevantes para este producto.
Francisco Contardo, presidente ejecutivo del Comité de Paltas, explicó en esa publicación que “los estándares de trazabilidad, inocuidad y cumplimiento fitosanitario han permitido posicionar a Chile como un proveedor confiable”. Añadió que el crecimiento responde a una combinación de mayor disponibilidad de fruta y una demanda argentina que valora la calidad, la cercanía y la confiabilidad del abastecimiento chileno.
Las cerezas también muestran un giro interesante, aunque con matices. De acuerdo con cifras de Frutas de Chile citadas en la nota, los envíos chilenos de cerezas a Argentina pasaron de 582 toneladas en la temporada 2024-2025 a 1.371 toneladas en 2025-2026. El fenómeno, según Winograd, está vinculado a la necesidad chilena de diversificar mercados ante las dificultades recientes observadas en China, principal destino de esta especie. Sin embargo, desde Argentina surge una lectura crítica.
Aníbal Caminiti, gerente de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (Capci), afirmó al medio que el ingreso de cereza chilena puede presionar un mercado pequeño y afectar al productor local, aunque también sostuvo que el consumidor argentino distingue la calidad de la fruta y suele preferir la producción nacional cuando esta presenta mejor condición.
En cítricos y arándanos también se observan señales de expansión. La nota reporta que entre una temporada y otra las cerezas crecieron 136%, las paltas 32%, las naranjas 28% y los pomelos 26%. En arándanos, Chile pasó de 907 toneladas exportadas a Argentina en 2024-2025 a 1.021 toneladas en 2025-2026.
Ruy Barbosa, presidente del Comité de Arándanos, señaló en el mismo artículo que este avance se relaciona con el mejor desempeño de nuevas variedades, que están entregando una experiencia de consumo superior y permitiendo abrir nuevos mercados. No obstante, Winograd advirtió que, si Perú concreta la apertura sanitaria para exportar arándanos a Argentina, la competencia para Chile podría intensificarse de manera importante en los meses en que hoy mantiene una posición más despejada.
Más allá de las cifras coyunturales, el fondo de la historia es que Argentina vuelve a instalarse como un mercado a observar con atención por parte del agroexportador chileno. La mejora del entorno comercial, la menor oferta local en algunas categorías, la eficiencia logística y la valoración por fruta de calidad están generando una nueva ventana para la oferta nacional.