Más lluvias fuera de temporada, temperaturas nocturnas más altas, episodios sobre 35 °C, menos horas de frío y una progresiva pérdida de aptitud de algunas zonas tradicionales del Valle Central. Ese fue el escenario trazado por la ingeniera civil, investigadora y Dra. en Ciencias Silvoagripecuarias Agroclimatología, Paula Santibáñez durante Fruittrade 2026, quien señaló que la industria deberá acelerar su adaptación y trabajar con información climática cada vez más precisa.
Ella actualmente integra el equipo de investigación de ClimAgro. Ha participado además en trabajos de modelación climática y evaluación de impactos sobre la agricultura desarrollados junto a investigadores de AGRIMED y la Universidad de Chile.
Es enfática al señalar que la fruticultura chilena ya no enfrenta únicamente temporadas secas o lluviosas. La principal dificultad, según Santibáñez, está en una creciente variabilidad climática, con cambios abruptos, eventos extremos y patrones meteorológicos que comienzan a alejarse de lo que históricamente se consideraba normal.
Durante su exposición “El Súper Niño en la Fruticultura: evaluación de impactos climáticos y escenarios futuros”, Santibáñez mostró cómo el calentamiento global está agregando una nueva capa de complejidad a fenómenos como El Niño y La Niña.
La investigadora explicó que durante los años 90 todavía era posible observar una alternancia relativamente clara entre períodos más cálidos y más fríos. Sin embargo, durante la última década las anomalías positivas de temperatura se han vuelto mucho más persistentes.
A escala global, indicó, la temperatura del planeta se encuentra en torno a 1,4 °C por encima de los niveles preindustriales, situación que hace más difícil prever exactamente cómo se comportará cada temporada. paula santibañez en Fruittrade
“El clima se está tornando un poco más errático, están habiendo cambios más abruptos, eventos climáticos más extremos”, sostuvo.
Chile tiene una ventaja, pero no está inmune
Dentro de este escenario global, Chile mantiene ciertas condiciones favorables respecto del hemisferio norte debido a su influencia oceánica.
Santibáñez explicó que la franja costera puede extender la moderación térmica decenas de kilómetros hacia el interior, manteniendo temperaturas más contenidas incluso bajo escenarios de calentamiento.
En sectores costeros, aumentos del orden de 1 a 2 °C no necesariamente generarían condiciones prohibitivas para la agricultura, por lo que estas áreas podrían incluso adquirir nuevo interés para futuros desarrollos productivos.
El panorama cambia hacia los valles interiores, donde la influencia marítima disminuye y aparecen núcleos significativamente más cálidos.Y también cambia en la cordillera.
Uno de los puntos centrales de la exposición estuvo relacionado con la manera en que están ocurriendo las precipitaciones.Según explicó Santibáñez, el aumento de las temperaturas en las zonas altas de la cordillera modifica el comportamiento de la isoterma cero y aumenta el escurrimiento superficial durante eventos de lluvia.
“No solo está cambiando la manera como llueve, que está lloviendo con más intensidad, sino que también el aumento de la temperatura en las franjas más altas de la cordillera está provocando cambios” en el régimen de escorrentía, señaló.
La especialista planteó además que, aunque hacia mediados de siglo algunos modelos proyectan reducciones de hasta 15% en las precipitaciones, el problema no puede resumirse simplemente en que “lloverá menos”.
En zonas cordilleranas, por ejemplo, el monto anual no necesariamente ha mostrado grandes reducciones, pero sí está cambiando la manera en que se acumula la nieve y la distribución de las precipitaciones durante el año.
Ese cambio tiene una consecuencia estratégica para la agricultura.“Tenemos que adaptarnos a una situación donde la precipitación va a cambiar el régimen, la forma y la distribución. Por lo tanto, es muy importante que podamos contar con nuevas infraestructuras para poder almacenar esta agua”, afirmó Santibáñez.
La investigadora vinculó directamente este nuevo régimen de lluvias con la necesidad de reforzar la infraestructura de almacenamiento hídrico.
Otro de los cambios que podría modificar profundamente el mapa frutícola es la reducción de las horas de frío. Santibáñez mostró que el aumento de las temperaturas mínimas ya está disminuyendo la acumulación de frío invernal necesaria para distintas especies.
En algunas zonas que históricamente alcanzaban aproximadamente 1.000 horas de frío, hacia mediados de siglo podrían registrarse valores cercanos a 700 u 800 horas.
“Hay una tarea importante de adaptación que debemos empezar ya a considerar en cuanto a las estrategias que se deben implementar o incluso a las variedades que se deben considerar”, señaló.
Este aspecto resulta especialmente sensible en especies donde una adecuada dormancia es determinante para una brotación y floración homogéneas.
La conclusión es relevante: el cambio climático no significa necesariamente una disminución uniforme de la capacidad agrícola del país, sino una redistribución de aptitudes y riesgos según especie y territorio.
A ese escenario estructural se suma la coyuntura de la temporada 2026-27. Según los antecedentes presentados en Fruittrade, las anomalías de temperatura del Pacífico mostraban valores extremadamente altos, con condiciones comparables al episodio de 1997-98.
Santibáñez explicó que valores cercanos a 4 en algunas zonas de monitoreo representan un fenómeno de alta intensidad. Sin embargo, recalcó que El Niño por sí solo no garantiza lluvias sobre lo normal, ya que intervienen otros factores atmosféricos, entre ellos la Oscilación Antártica.
Los modelos utilizados en su presentación proyectaban que el fenómeno alcanzaría su mayor intensidad durante octubre-noviembre, se mantendría durante el verano y comenzaría a retirarse hacia comienzos del otoño de 2027.
Ella recalcó que el escenario de la temporada se presenta distinto, con un Súper Niño ya instalado y con impactos potenciales en toda la zona central y centro-sur.
Una de las particularidades de los años Niño es que las temperaturas mínimas tienden a permanecer más elevadas debido a una mayor humedad y nubosidad.En cambio, la respuesta de las máximas es mucho menos uniforme: pueden mantenerse cerca de lo normal durante ciertos períodos y elevarse fuertemente durante otros.
Para la primavera de 2026, los modelos revisados por Santibáñez no indicaban temperaturas máximas persistentemente por sobre lo normal, pero sí mínimas algo más elevadas. Y para el verano todavía existía mayor incertidumbre.
El principal riesgo estaría en episodios críticos de tres o cuatro días, con temperaturas superiores a 35 °C en la zona central.
A ello podría sumarse la presencia de vientos cálidos y secos provenientes desde la cordillera, capaces de aumentar fuertemente la demanda atmosférica y el estrés sobre los cultivos.
Santibáñez identificó también como uno de los riesgos de esta temporada la aparición de vientos descendentes desde la cordillera, especialmente en la zona central y centro-sur.
Estos eventos pueden producir condiciones de aire extremadamente seco y temperaturas elevadas en zonas de precordillera y valles interiores. paula santibañez en Fruittrade
La combinación de altas temperaturas, baja humedad y viento también podría incrementar el riesgo de propagación de incendios forestales, particularmente en regiones como Maule y Biobío.
La investigadora ha abordado públicamente este fenómeno señalando que las altas temperaturas y la disponibilidad de vegetación seca crean condiciones altamente favorables para la propagación del fuego, aunque el inicio de los incendios continúa dependiendo en gran medida de causas humanas.
El escenario Niño también aumenta la atención sobre las precipitaciones durante primavera e incluso verano.Santibáñez advirtió que las lluvias tardías pueden coincidir con fases productivas particularmente sensibles y generar problemas fitosanitarios cerca de cosecha, especialmente cuando se combinan con una humedad relativa elevada. “Hay que poner ojo también con la cosecha por posibles problemas fitosanitarios”, advirtió.
La temporada ya ha mostrado precisamente ese patrón de alta variabilidad, con pulsos de calor, períodos fríos, heladas posteriores a eventos de lluvia y mayor nubosidad.
Desde julio se observó además una intensificación de las precipitaciones desde Maule hacia el sur, asociada en algunos episodios a bajas presiones y ríos atmosféricos. paula santibañez en Fruittrade
Al sintetizar el panorama para la actual temporada, la investigadora identificó varios puntos que productores y asesores deberían seguir especialmente de cerca:
Las heladas tardías, en cambio, comienzan a perder importancia conforme avanza octubre, aunque durante fines de agosto y septiembre se registraron episodios dañinos en algunas zonas, coincidiendo además con una fenología adelantada producto de temperaturas invernales más elevadas.
El mensaje final de Paula Santibáñez para la temporada fue menos una predicción cerrada que una advertencia sobre la necesidad de manejar la incertidumbre.
Las lluvias intensas ya ocurrieron y podrían continuar de manera esporádica durante primavera. Entre esos episodios pueden aparecer pulsos de calor; los vientos de cordillera pueden extenderse por períodos mayores y el verano podría registrar temperaturas por encima de lo normal.
Para la fruticultura, eso significa abandonar progresivamente una lógica basada exclusivamente en promedios climáticos.
La infraestructura de almacenamiento de agua, la selección de especies y variedades, la ubicación de las nuevas plantaciones, el manejo de estrés térmico y el monitoreo meteorológico predial aparecen como parte de una misma estrategia de adaptación.
Su diagnóstico plantea un cambio de paradigma para una industria acostumbrada a gestionar riesgos conocidos: el desafío ya no es únicamente producir bajo un clima más cálido, sino hacerlo bajo uno más variable.
Y en una fruticultura que depende del calibre, condición, color, firmeza, fecha de cosecha y capacidad de llegar a mercados lejanos, esa variabilidad puede terminar convirtiéndose en una de las variables centrales de la competitividad.
Redacción News Frutas de Chile.-