El Puerto de Rotterdam, el mayor de Europa, enfrenta una paralización de sus terminales de contenedores tras el inicio de una huelga de 48 horas de los amarradores (lashers) a partir de las 15:15 , del miércoles 8 de octubre. La medida, convocada por el sindicato FNV, comprende a todo el personal de International Lashing Services (ILS) y Matrans Marine Services, las dos compañías que realizan el trincado y destrincado de contenedores en los muelles neerlandeses.
El efecto ha sido inmediato ya que sin amarradores, las maniobras de carga y descarga quedan imposibilitadas por razones de seguridad, lo que detiene la operación de buques portacontenedores a lo largo del complejo portuario. “Sin lashers, el puerto no funciona”, subrayó FNV al comunicar el alcance del paro. La Autoridad Portuaria de Rotterdam confirmó perturbaciones, aunque señaló que era temprano para dimensionar el impacto total.
La congestión crece hora a hora ya que este jueves 9, la fila de naves en espera prácticamente se duplicó: de un promedio de 6–7 barcos a 13, según voceros del puerto. Además de la huelga, persisten rezagos por el reciente temporal “Amy”, lo que agrava la situación operativa. En tiempos normales, los amarradores gestionan en el frente marítimo unas 17.000 unidades equivalentes a contenedor lleno de importación por día, volumen hoy detenido.
El conflicto surge en el marco de una demanda de mejoras salariales. El sindicato FNV emplazó a ILS y Matrans a negociar y programó una reunión para el mediodía del viernes 10; si hay acuerdo, el trabajo se reanudaría a las 15:15, hora en que expira el período de 48 horas. De no prosperar, la organización ha advertido que podría extender las acciones durante el fin de semana. Las empresas calificaron la huelga de “injustificada y muy perjudicial”.
El paro en Rotterdam coincide con otro frente laboral en Bélgica debido a que los prácticos flamencos mantienen acciones de protesta en el Puerto de Amberes-Brujas contra reformas de pensiones. El martes 7, esa terminal procesó apenas 31 naves frente a un rango habitual de 60–80, provocando desvíos y esperas que restan capacidad como alternativa para aliviar la congestión neerlandesa.
Medios locales y especializados reportan que las principales terminales de contenedores de Rotterdam han quedado en gran parte detenídas desde el inicio del paro, con advertencias de “grandes retrasos en el lado mar” y colas crecientes hasta que se destrabe la negociación.
En el mundo marítimo, el rol de los amarradores es crítico: su labor de asegurar físicamente la carga —mediante pernos, barras y sistemas de trinca— es condición para operar en muelle y zarpar con seguridad. Al ser servicios externalizados por las terminales y concentrados en dos empresas, su paralización tiene un efecto en cadena sobre navieras, remolcadores, estibadores, transporte terrestre y barcazas interiores.
Si la cita del viernes entre FNV y los empleadores permite sellar un entendimiento de ingresos, la normalización podría iniciarse desde la tarde, aunque la limpieza de la congestión tardará más por el “efecto tijera” de varios días con escasa productividad y ventanas de atraque reprogramadas. De persistir el conflicto, las navieras evaluarían desvíos; sin embargo, la utilidad de Amberes-Brujas como válvula de escape está limitada por la propia protesta de prácticos.