Un control que parecía rutinario en la macrozona norte terminó exponiendo con crudeza la ingeniería del contrabando que amenaza a la cadena agroalimentaria formal. Un escáner de última generación instalado en el Puerto de Arica detectó anomalías en un contenedor que había sido declarado “vacío”.
La imagen radiográfica reveló densa carga en su interior y activó el protocolo con Aduanas y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Al abrirlo, las autoridades decomisaron un cargamento millonario desde el paso fronterizo de Chungará con dirección hasta el puerto con 400 mil huevos de origen boliviano, 870 kilos de frutas, 390 unidades de plaguicidas, además de cigarros y papel higiénico. El operativo se había iniciado por alertas previas de Carabineros y PDI sobre un camión boliviano que circulaba hacia la aduana con manifiesto en blanco.
El hallazgo reposiciona a la fruta en el centro del riesgo. Ingresar partidas sin certificación fitosanitaria vulnera las barreras de protección, abre la puerta a plagas cuarentenarias y enfermedades, y presiona a la baja los precios en canales mayoristas, afectando de manera directa a productores y exportadores formales.
A diferencia de otros contrabandos, la fruta es un vector biológico: llega con carga microbiana y entomológica, sin trazabilidad, sin frío validado, sin planes de manejo de residuos y, en ocasiones, acompañada de plaguicidas de composición y dosificación desconocidas. En un país cuya competitividad se sustenta en reputación sanitaria, un solo ingreso clandestino puede traducirse en cuarentenas, cierres de mercados y costos adicionales de control.
El sistema de rayos X, integrado al circuito de selección de riesgo, permitió ver lo que la documentación negó: bultos compactos apilados en un layout incompatible con un contenedor vacío. La lectura del perfil de densidades—huevos, fruta y embalajes—entregó evidencia objetiva para la inspección física y la incautación.
La inversión en tecnología de imagen en frontera funciona: eleva las tasas de detección, desincentiva la tentativa y acorta los tiempos de verificación sin frenar el flujo del comercio legítimo. El contrabando está sofisticando su logística y apostando por productos agroalimentarios, por lo que se requiere mantener y ampliar capacidades de escaneo, con algoritmos de reconocimiento que identifiquen matrices orgánicas y embalajes típicos de perecibles.
Álvaro Alegría Matus, director regional del SAG, subrayó el impacto sanitario y económico: la coordinación con Aduanas es determinante para impedir el ingreso de partidas que ponen en riesgo a los consumidores y al patrimonio fito y zoosanitario.
Para productores y exportadores es de relevancia robustecer la trazabilidad hacia atrás, exigir a transportistas y operadores logísticos certificaciones verificables de cadena de frío y limpieza de contenedores, y apoyar que los puntos de control mantengan operación 24/7 con escáneres calibrados para matrices alimentarias. El registro del decomiso y la trazabilidad de desnaturalización del producto serán claves para evitar su reingreso al circuito informal.
La incautación en Arica no es un episodio aislado ya que existe un incentivo económico detrás de los perecibles clandestinos. La fruta “sin papeles” puede saltarse costos de producción regulada, inspecciones, tratamientos y logística en frío, generando márgenes que compiten de manera desleal.
El escáner nivela la cancha porque transforma la verificación en un hecho físico medible y tan importante para una industria frutícola que vive de su estatus sanitario, ese es el verdadero punto de inflexión: tecnología que protege la reputación país y defiende el valor de la fruta bien producida.