Para reducir el riesgo sanitario y logístico de las frutas, especialmente en temporadas con alta humedad, INIA Quilamapu avanza en tecnologías de detección y alerta temprana. Daina Grinbergs, fitopatóloga de la institución, explicó que, en conjunto con la investigadora en inteligencia artificial Paula Vargas, se desarrolla un sensor de detección precoz capaz de identificar Botrytis y Alternaria en arándanos y cerezos.
El objetivo es habilitar monitoreos rápidos en campo o en líneas de packing, para segregar a tiempo fruta con riesgo de infección y evitar embarcar lotes susceptibles a pudriciones en tránsito.
La propuesta tecnológica busca cerrar una brecha crítica, ya que hoy muchas infecciones no se evidencian en la cosecha, pero pueden detonar durante el transporte o tras la llegada a destino, con pérdidas significativas para productores y exportadores. La detección anticipada permitiría optimizar decisiones de cosecha, selección, prefrío y destino comercial, reduciendo rechazos y reclamos.
En paralelo, INIA lidera — con apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) — la implementación de una plataforma predictiva para el avellano europeo en Maule y Ñuble. El sistema integrará variables meteorológicas y datos del vuelo de esporas para emitir alertas y recomendar el momento óptimo de poda, aplicaciones de fungicidas y otras medidas de prevención y manejo. Las notificaciones llegarán directamente a los celulares de los productores y se articularán con herramientas predictivas que INIA ya opera para otros cultivos.
La plataforma tendrá operatividad plena hacia fines de 2028, consolidando un salto en gestión sanitaria para los frutales del centro-sur. La la recomendación es profundizar el monitoreo, registrar eventos de lluvia y HR, y ajustar los calendarios de aplicación según riesgo local, con especial atención a los hongos de madera tras brotación, cuya afectación de la madera compromete el potencial productivo de las próximas temporadas.
