Columna Económica de Rodrigo Díaz, Asesor de ASOEX

En el sudeste asiático se observa un interesante dinamismo económico. India está creciendo al 7%, Vietnam al 6,7%, Filipinas al 6,3%, Indonesia al 5% y Malasia al 4,5%. Pero también hay que mirar algunas pequeñas economías de Europa, como Irlanda que crece al 9%, Luxemburgo al 5,5% y Suecia al 4,5%.
¿Cómo lo hacen? Bueno, la receta no es muy novedosa pero sí efectiva. Los flujos de inversión extranjera siguen altos gracias a que se mantiene la estabilidad política y económica, hay grandes planes y obras de infraestructura, el comercio exterior se beneficia de la recuperación de EE.UU., no están orientados hacia los commodities [lo que es bueno en esta época], están conectados con los mercados financieros [bajas tasas] y al final una buena dosis de consumo interno.
La receta suena familiar, sin duda, porque se parece mucho a la que teníamos en Chile hace algunos años atrás.
Como el precio del cobre se ha caído dramáticamente, se ha reducido la estabilidad política y económica, la inversión extranjera ya no es tan fuerte, andamos en busca de una nueva receta para el crecimiento: la productividad. Es decir, hacer más con lo mismo. Pero para que eso funcione hay que hacer las cosas [producir] de manera diferente.
¿Cómo? Pues bien, hay una comisión presidencial [presidida por Joseph Ramos] encargada de eso. Aún no hay anuncios, o por lo menos nada específico que pueda hacer aterrizar una receta en algo que tenga una aplicación concreta.
Sin crecimiento, se reducen fuertemente los ingresos del Fisco y se arriesga subir el endeudamiento, al estilo de lo que ocurrió con los estados benefactores de Europa y que hoy –por culpa de esa gran deuda– no pueden hacer política fiscal para reactivar sus economías.
Es interesante la búsqueda de una nueva fórmula o modelo de crecimiento basada en la productividad, pero da la impresión que estamos tan atrasados en innovación, liberalización de mercados, sistemas de capacitación eficientes y una gran reforma del Estado [entre otros], que cuesta abrazar esperanzas de que Chile pueda crecer en el mediano plazo a las tasas que exhiben hoy las economías del sudeste asiático.