El sector silvoagropecuario ha tenido un fin de temporada 2015-2016 tranquilizador desde el punto de vista climático. En primer lugar, salvo casos puntuales, no ha habido eventos extremos que hayan afectado de manera significativa la producción e incluso, ha habido una disminución de los incendios forestales tanto en número como en extensión. Por otra parte, la sequía que ha afectado en los últimos años a gran parte de las áreas productivas se ha batido en retirada, o al menos, ha dado una tregua

Según el informe de la DGA-DMC, en la zona Centro Norte se ha podido apreciar precipitaciones de agua y nieve cercanas a lo normal lo que ha impactado en una recuperación del volumen de agua embalsada y del nivel de aguas subterráneas. Por otro lado, la sequía veraniega que ha afectado al sur no ha sido tan intensa como en años anteriores, ubicándose las precipitaciones del período por debajo de lo normal pero por encima de las lluvias del verano pasado. La excepción ha sido la zona Austral donde el déficit de precipitaciones ha sido crítico en algunas áreas.
De acuerdo al informe, esta situación se ha reflejado en que sólo el 6% de las comunas del país (mayormente del Centro Sur) presentan una situación de sequía intensa y distribuídas en ocho regiones, lo que estaría comprobando que el fenómeno este año ha sido, en general, de baja magnitud y de gran dispersión. Como resultado de esto, no se han generado situaciones de emergencia agrícola y el fenómeno climático se ha enfrentado cada vez más con medidas oportunas de manejo predial apoyada por instrumentos de fomento permanentes del MINAGRI, por el seguro agrícola y el crédito.
Por otro lado, en la Zona Norte se vive un clima de optimismo debido a que la recuperación de caudales y aguas subterráneas y el aumento en el almacenamiento de los embalses asegurarían el riego para las siguientes temporadas. Esto ha sido posible no sólo por la mayor precipitación sino por la cuidadosa gestión del recurso hídrico por parte de las juntas de vigilancia de los respectivos ríos, especialmente los regulados por embalses.
Esta situación favorable debe ser aprovechada para rediseñar la estructura productiva de manera de conseguir una producción y desarrollo de la industria agropecuaria que sea sustentable. En los momentos de análisis cuando la sequía arreciaba, uno de los factores que más aparecían como desencadenantes de la escasez hídrica era el aumento de la superficie plantada con especies de alta demanda hídrica y la sustitución de cultivos anuales que actúan como factor de ajuste en las fluctuaciones de disponibilidad interanual del recurso hídrico. Investigaciones de prestigio han determinado que la «Megasequía» que ha sufrido el país en estos años, si bien es producto principalmente de alteraciones climáticas naturales y periódicas, el cambio climático antrópico es responsable, al menos, de un cuarto de déficit observado.
En este sentido hay que tener en cuenta que el contexto climático actual está influenciado por la tendencia de reduccón sostenida de la precipitación en todo el área de importancia agropecuaria y que los seres humanos no somos las «víctimas» últimas de los procesos de sequía sino que jugamos un papel activo en su desarrollo. En ese sentido, el entusiasmo periodístico que habla de que en las próximas temporadas «volverán a replantarse las hectáreas perdidas» debe ser mirado con prudencia, escuchar las advertencias de los investigadores y que, por fin, se pueda dar espacio a la llamada «interfase entre ciencia y política».
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Fuente: SimFRUIT según DGA y DMC