Compartir

Agregar valor a la producción y promover un desarrollo sustentable del sector agroalimentario son parte de los grandes objetivos del INIA como generador de nuevas variedades, semillas y tecnologías de producción adaptadas a las nuevas exigencias de los mercados y a los retos de la agricultura actual y futura, como el cambio climático, la escasez de agua y el aumento de la población mundial.
El INIA es el principal generador de variedades chilenas de alimentos. En el ámbito de los frutales, últimamente se han destacado los resultados de la uva de mesa Inia grape-one que se está cultivando con éxito tanto en Chile como en otros países y ha sido exportada a destinos tan lejanos como China, Taiwán, además de Estados Unidos y Europa.
También, dados los altos volúmenes de exportación de manzanas, hay esperanzas cifradas en las primeras variedades chilenas que el INIA podría liberar a partir de 2020. Se espera que estas primeras manzanas 100% chilenas se caractericen por su buen sabor, crocancia y resistencia a daños de venturia. Algo similar ocurre con las primeras variedades de cereza, en las que estamos trabajando junto al sector privado y el apoyo de CORFO. Por eso, pensando en el futuro, cabe preguntarse ¿cuál es el potencial impacto de estas variedades?
La respuesta, aunque podría tomarse como exageradamente optimista, es que su alcance puede ser equivalente a un porcentaje importante del total de divisas exportadas en frutales, si es que efectivamente las nuevas variedades chilenas logran reemplazar, a futuro, a las variedades extranjeras presentes en Chile, como ha ocurrido con los cultivos tradicionales.
De hecho, hoy prácticamente el 100% del trigo candeal y del arroz que se produce en Chile corresponde a variedades del INIA, el 80% de la avena y más del 50% de las papas, lo que demuestra el impacto y la importancia del mejoramiento genético y la generación de variedades nacionales que produzcan más, que contengan mayores y mejores propiedades alimentarias, que aprovechen mejor los fertilizantes y el agua, que sean resistentes o tolerantes a la sequía o a enfermedades y plagas y con ello menos dependientes de los agroquímicos y por supuesto que permitan largos viajes y llegar en óptimas condiciones a mercados lejanos. Todos ellos son ejemplos de lo que el INIA hoy está haciendo para lograr un desarrollo del sector agroalimentario nacional más sustentable y sostenido en el tiempo.