El Terminal Puerto de Coronel y su Centro Logístico han dado un paso estratégico para consolidar su posición como uno de los principales nodos de salida del comercio exterior del país, un avance de alta relevancia para el dinamismo del sector agroalimentario nacional. A través del ingreso de una Declaración de Impacto Ambiental, la compañía marítima de la Región del Biobío ha iniciado formalmente la tramitación de un ambicioso proyecto de ampliación y obras de dragado que busca adecuar su infraestructura para atender naves de última generación de hasta 400 metros de eslora.
El núcleo central de la propuesta radica en la ejecución de faenas de dragado de profundización y mantención en los sectores correspondientes al Muelle Norte y Muelle Sur del recinto portuario. Con estas labores, de acuerdo con información de PortalPortuario, el puerto busca asegurar las condiciones de calado necesarias para la recalada segura de embarcaciones de dimensiones masivas, conocidas en el comercio internacional como megabuques. Adicionalmente, el plan considera una modernización integral en los equipos de carga y descarga, adaptando la maquinaria a las demandas operativas y tecnológicas globales.
Para los productores agrícolas y las empresas exportadoras ubicadas en la macrozona centro-sur de Chile, la materialización de este plan de infraestructura portuaria se traduce de manera directa en mayores ventajas de conectividad. La capacidad para recibir naves más grandes no solo optimiza la eficiencia de los envíos de mercaderías hacia mercados internacionales de alta demanda, sino que además contribuye a reducir de forma sostenida los tiempos y costos de transferencia en las bodegas, resguardando la frescura y la calidad logística de productos perecederos, celulosa y alimentos procesados que caracterizan los despachos de esta zona.
Las proyecciones operacionales del terminal a largo plazo gracias a estas obras apuntan a lograr una transferencia anual histórica de hasta 17 millones de toneladas de carga y cerca de 5 millones de contenedores. Con una inversión estimada y una vida útil proyectada para las próximas cinco décadas, el desarrollo de este proyecto se levanta como una herramienta clave para apuntalar las proyecciones de crecimiento del agro, facilitando la inserción de las frutas, hortalizas y subproductos del campo chileno en las principales rutas marítimas mundiales.