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China: Cuello de botella marítimo vuelve a encender las alarmas en el comercio global

  • El paso de sucesivos tifones por los principales puertos del gigante asiático deja millones de contenedores varados y pone en evidencia la fragilidad de una cadena de suministro pensada para ajustar costos antes que para resistir crisis.

 

El comercio internacional vuelve a enfrentar momentos de alta tensión en las costas asiáticas. El reciente embate del tifón Saudel sobre el litoral oriental de China obligó a suspender por completo las operaciones en terminales clave como Shanghái y Ningbo-Zhoushan. Esta interrupción marca la tercera paralización forzada en apenas tres meses, un hecho que profundiza los retrasos acumulados y empuja la congestión de buques portacontenedores a niveles históricos.

De acuerdo con un reporte publicado por la revista Supply Chain Digital, el impacto operativo ya se traduce en alrededor de 4,3 millones de TEU varados en distintas partes del planeta, lo que representa cerca del 12,6% de la capacidad de la flota mundial de contenedores. Más de la mitad de ese volumen bloqueado se concentra en el norte de Asia, especialmente en aguas chinas, donde terminales de gran envergadura como Yangshan y Waigaoqiao tuvieron que frenar sus maniobras y registrar caídas drásticas en el movimiento de barcos.

La repetición de estos fenómenos meteorológicos ha generado un efecto acumulativo devastador. Antes de Saudel, los tifones Bavi y Dolphin ya habían obligado a detener los muelles en julio y comienzos de agosto, dejando a decenas de embarcaciones esperando turno durante días e incluso semanas para atracar. En la provincia de Zhejiang, sede de Ningbo, cada nueva tormenta ha tocado tierra antes de que el sistema logístico lograra descongestionar los envíos pendientes del temporal anterior.

Sin embargo, especialistas del sector marítimo advierten que el problema de fondo no reside únicamente en el clima adverso, sino en la propia estructura del modelo operativo. Aunque los operadores portuarios continúan invirtiendo en infraestructura, el incremento de la capacidad no avanza al mismo ritmo que la demanda de carga. La industria ha priorizado una alta utilización de los activos para reducir costos por unidad en lugar de financiar márgenes de holgura que permitan absorber imprevistos. Al operar casi al límite, cualquier cierre temporal genera semanas de retrasos encadenados.

Esta saturación ya comienza a ramificarse hacia otras rutas y nodos de intercambio. Algunas navieras han optado por cancelar escalas programadas en Shanghái para no quedar atrapadas en las esperas, mientras se reportan demoras crecientes en puertos como Shenzhen y Hong Kong, además de presiones añadidas en otros pasos estratégicos como el Canal de Panamá o el puerto de Durban. Para las empresas importadoras y exportadoras, el panorama anticipa cancelaciones de salidas, reprogramación de cargas y sobrecostos en el transporte terrestre, en un escenario donde la temporada de tormentas todavía podría extenderse por varios meses.

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