El inicio de la temporada de naranja 2026/27 en Brasil se ve empañado por las dudas de los productores respecto a los precios y la demanda del mercado. Según un reporte de Eurofruit, el Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada (Cepea) ha señalado que las negociaciones contractuales probablemente no avanzarán de forma significativa hasta mayo, mes en el que Fundecitrus publicará el pronóstico oficial de la cosecha.
Esta atmósfera de incertidumbre es consecuencia directa de los resultados de la campaña anterior. Aunque se cosecharon 292,94 millones de cajas (de 40,8 kg), lo que representó un incremento anual del 26,9 %, la cifra final se situó un 6,9 % por debajo de las previsiones iniciales. Los principales responsables de este rendimiento menor a lo esperado fueron la escasez de lluvias y el impacto del «greening» (enverdecimiento de los cítricos).
De acuerdo con los datos técnicos, la tasa de caída de frutos alcanzó el 23,2 %, lo que supuso una pérdida estimada de 88,49 millones de cajas. El impacto de las plagas y el clima adverso no solo redujo el volumen, sino que también afectó la calidad de la materia prima, especialmente en las variedades destinadas a la industria del procesamiento.
Para el ciclo 2026/27, se espera que la producción se mantenga estable o presente una ligera disminución. A esto se suma el reto de la distribución internacional, particularmente hacia Europa, uno de los destinos de exportación más importantes para Brasil. Con niveles de existencias actualmente cómodos, el sector se pregunta cuánta fruta de la nueva temporada podrá absorber realmente el mercado global.
Brasil continúa siendo el líder indiscutible en este sector, aportando el 32,8 % de la producción mundial de naranja y cerca del 62 % de la producción global de zumo. Sin embargo, la actual volatilidad climática y sanitaria mantiene en vilo a los productores del eje São Paulo-Minas Gerais.