El Parlamento Europeo adoptó nuevas normas sobre plantas obtenidas mediante técnicas genómicas novedosas (NGT), incluyendo la técnica de edición genética CRISPR-Cas9, así como los alimentos y piensos producidos a partir de estas plantas. Se trata del cambio regulatorio más profundo en la gobernanza de organismos genéticamente modificados (OMG) en la Unión Europea en los últimos tres décadas, período que comenzó en 1988 cuando la Comisión Europea presentó su primera propuesta de regulación de OMG.
La nueva legislación introduce dos categorías de plantas modificadas. Las plantas NGT1, alteradas en no más de 20 pares de bases y sin resistencia a plaguicidas, quedan eximidas de los requisitos de autorización que establecía la Directiva 2001/18. Las plantas NGT2 están sujetas a evaluaciones de riesgo reducidas. Según la norma, modificaciones genéticas en hasta tres sitios de un gen que codifique una proteína serán tratadas como equivalentes a la crianza convencional, eludiendo autorización.
La reforma responde a la preocupación de los legisladores europeos por no rezagarse en la carrrera global de biotecnología de edición genética en la era de la inteligencia artificial. Sin embargo, la propuesta final de la Comisión fue conservadora: mantiene restricciones para rasgos específicos y deja abierta la posibilidad de que la Comisión ajuste los umbrales permitidos según nueva evidencia científica.
El cambio ha generado tensión entre sectores. Organizaciones no gubernamentales y la industria orgánica se oponen a la reforma, argumentando que se redujo el nivel de protección de la salud humana y el medio ambiente al eliminar requisitos de evaluación de riesgos, trazabilidad y monitoreo poscomercial. Por el contrario, defensores de la medida señalan que la evidencia científica respalda que las NGT fueron reguladas más severamente bajo las normas anteriores de lo que sus perfiles de riesgo justificaban, y que técnicas convencionales de modificación genética no fueron sometidas a los mismos estándares de autorización.
Un desafío crítico es la trazabilidad: la nueva regulación exime a las plantas NGT1 de proporcionar métodos de detección, identificación y cuantificación (DIQ), mientras que para NGT2 permite alegar infeasibilidad técnica. Sin trazabilidad robusta, el etiquetado de atributos de confianza será difícil de garantizar en cadenas de suministro globales donde los socios comerciales de la UE no impongan requisitos equivalentes.
La reforma plantea tensiones entre aceleración tecnológica e incertidumbre regulatoria, con consumidores europeos enfrentando nuevos productos de edición genética en el mercado con un marco normativo aún en consolidación.