En un contexto global marcado por consumidores más exigentes, nuevas regulaciones ambientales y una creciente presión sobre los recursos naturales, la relación entre Chile y Países Bajos adquiere un valor estratégico para el sector agrofrutícola exportador.
Países Bajos es una de las principales puertas de entrada de alimentos frescos a Europa y, al mismo tiempo, un referente mundial en innovación agrícola, logística, eficiencia en el uso de recursos, tecnología aplicada y gestión hídrica. Para Chile, país con una fuerte vocación exportadora y presencia consolidada en los mercados europeos, esta relación abre oportunidades concretas para avanzar en sostenibilidad, productividad, trazabilidad y acceso a mercados.
Así lo plantea la embajadora de Países Bajos en Chile, Elke Merks-Schaapveld, quien destaca que ambos países mantienen una relación estrecha y con una agenda cada vez más alineada con los desafíos del futuro agroalimentario.
“Desde mi llegada en este país estupendo en 2024, he visto una relación muy cercana y positiva entre ambos países en materia agrícola y agroalimentaria. Tenemos una larga trayectoria de colaboración muy constructiva y hoy nos coordinamos activamente con el Ministerio de Agricultura y sus distintos servicios en temas como sostenibilidad, innovación, gestión del agua y acceso a mercados”, señala la embajadora.
A su juicio, uno de los principales aprendizajes del modelo neerlandés está en cambiar la lógica de “producir más” por la de producir mejor. Esto implica usar menos agua, optimizar energía, reducir pérdidas, incorporar tecnología y fortalecer la toma de decisiones basada en datos.
“Los Países Bajos han desarrollado una agricultura muy basada en innovación, conocimiento y uso eficiente de los recursos. Más que producir más a cualquier costo, el foco está en producir mejor: usando menos agua, optimizando energía, reduciendo pérdidas y aprovechando mejor la tecnología y los datos”, afirma Merks-Schaapveld.
Este enfoque resulta especialmente relevante para la fruticultura chilena, que enfrenta desafíos crecientes asociados al cambio climático, la disponibilidad hídrica, la competitividad internacional y las mayores exigencias de los compradores europeos.
Uno de los ejemplos más concretos de cooperación bilateral es Aconcagua Network, iniciativa impulsada desde 2021 por la Embajada de Países Bajos junto a productores y actores de la cuenca. El proyecto busca avanzar hacia una gestión más sostenible del agua, incorporando medición de huella hídrica y de carbono, manejo eficiente del recurso y prácticas regenerativas, especialmente en huertos de paltos.
“La gestión eficiente del agua es uno de los grandes desafíos para la agricultura, tanto en Chile como a nivel global. Un ejemplo concreto de colaboración entre Chile y los Países Bajos es la iniciativa Aconcagua Network, en la que la Embajada trabaja desde 2021 junto a productores y otros actores relevantes de la cuenca”, explica.
Para los exportadores, este tipo de iniciativas no solo tiene valor ambiental, sino también comercial. La trazabilidad, la gestión del agua, la adaptación climática y la resiliencia productiva son factores cada vez más observados por importadores, supermercados y consumidores europeos.
Otro eje relevante de la agenda bilateral es la reducción de pérdidas y desperdicio de alimentos. La embajadora destaca que Países Bajos tiene una meta nacional clara: disminuir en 50% el desperdicio alimentario al año 2030, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
“Hoy existe una conciencia creciente de que no basta solo con producir más, sino que también es clave reducir lo que se pierde a lo largo de toda la cadena. Por eso, uno de los enfoques principales es primero prevenir las pérdidas, luego reutilizar o redistribuir alimentos, y dejar la eliminación como última opción”, sostiene.
En el caso chileno, este aprendizaje podría tener impacto directo en la competitividad de la fruta fresca, especialmente en etapas de cosecha, poscosecha, almacenamiento, logística y comercialización.
La cooperación también se está extendiendo a temas como salinidad, biodiversidad y resiliencia climática. En abril, la empresa neerlandesa The Salt Doctors visitó Chile para analizar los efectos de la salinidad en suelos y aguas, con atención en cultivos sensibles como paltos y nogales.
“Pudimos ver que muchos productores ya están implementando medidas de adaptación, pero también que la salinidad se está transformando en un riesgo creciente asociado al cambio climático y la escasez hídrica”, comenta la embajadora.
Desde el punto de vista comercial, la agenda de los próximos meses será especialmente relevante para el sector exportador. En julio, la consultora neerlandesa NewForesight, junto a empresas internacionales como Nature’s Pride, Westfalia Fruit y Dole, visitarán el proyecto Aconcagua para conocer avances en sostenibilidad agrícola. Además, en septiembre se espera la visita del CEO de GroentenFruit Huis, asociación neerlandesa que representa al sector de frutas y hortalizas, con interés en conocer el modelo agroexportador chileno.
“Esperamos realizar una actividad junto a Frutas de Chile y ProChile sobre los desafíos que vienen en el acceso a mercados europeos. También, como siempre, seguiremos fortaleciendo el trabajo en acceso a mercados y cooperación fitosanitaria y veterinaria”, indica Merks-Schaapveld.
Respecto de las oportunidades para Chile, la embajadora subraya que el país ya ocupa una posición relevante como proveedor de frutas para Europa, especialmente en arándanos, paltas y uva. Sin embargo, advierte que el consumidor europeo está poniendo cada vez más atención en el origen y en las condiciones bajo las cuales se producen los alimentos.
“Chile es un importante proveedor de arándanos, paltas y uva para Europa. Hoy el consumidor europeo valora cada vez más alimentos producidos de manera sostenible, con trazabilidad, uso responsable de los recursos y altos estándares de calidad”, afirma.
En ese sentido, la relación entre Chile y Países Bajos se proyecta más allá del intercambio comercial tradicional. La agenda bilateral apunta a temas que serán decisivos para el futuro del sector frutícola: sostenibilidad verificable, eficiencia hídrica, innovación, reducción de pérdidas, resiliencia climática, conducta empresarial responsable y acceso a mercados.
Para los exportadores chilenos, el mensaje es claro: Europa seguirá siendo un mercado estratégico, pero también más exigente. En ese escenario, la colaboración con Países Bajos puede transformarse en una plataforma clave para anticipar tendencias, fortalecer la reputación del origen Chile y avanzar hacia cadenas frutícolas más sostenibles y competitivas.
“Chile tiene una posición muy relevante como proveedor agroalimentario y vemos mucho potencial para seguir fortaleciendo esta relación de largo plazo”, concluye la embajadora.
Redacción News Frutas de Chile