El comercio internacional de frutas frescas hacia Europa se prepara para una de sus mayores transformaciones regulatorias en materia de sostenibilidad. Tras la entrada en vigor del nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases de la Unión Europea, conocido como PPWR, las exigencias ambientales dejarán de ser una recomendación comercial para convertirse en un requisito de acceso obligatorio e inmediato para los proveedores de fuera del bloque. Esta normativa busca de forma tajante reducir los desechos, garantizar que todo embalaje sea económicamente reciclable para el año 2030 y erradicar progresivamente los plásticos de un solo uso.
Según detalla informe de la SFA (Southern Hemisphere Fruit Alliance), la primera fecha clave en el calendario está fijada para el 12 de agosto de 2026. Desde ese momento, cualquier cargamento de fruta que cruce la frontera comunitaria deberá estar respaldado por una Declaración de Conformidad y un archivo técnico detallado que pruebe que los envases respetan los límites de sustancias químicas, como los polímeros PFAS, que quedarán severamente restringidos en el contacto con alimentos.
La gran novedad de esta ley radica en la asignación de roles, ya que determina que la empresa que coloque su marca o logotipo en el envase será considerada legalmente como el fabricante. De este modo, si un exportador despacha la fruta bajo su propio sello, recaerá sobre él la obligación de diseñar los envases bajo las nuevas pautas europeas, realizar las evaluaciones de conformidad y custodiar las pruebas científicas que las autoridades sanitarias podrían exigirle en un plazo máximo de diez días ante cualquier auditoría. Por el contrario, el importador europeo asumirá la responsabilidad extendida del productor, encargándose de la gestión de residuos y las tasas de reciclaje locales.
El impacto de estas medidas se sentirá de manera progresiva en la cadena de empaque y en los formatos de comercialización que hoy resultan cotidianos. Para febrero de 2028, los tradicionales adhesivos de marca o códigos PLU pegados directamente en la piel de la fruta tendrán que ser obligatoriamente compostables a nivel industrial. El golpe más contundente a las prácticas actuales llegará en enero de 2030, cuando se prohíba por completo el uso de plásticos de un solo uso para formatos minoristas inferiores a un kilo y medio. Esto obligará a transformar radicalmente la presentación de productos delicados, como los formatos de arándanos en canastas plásticas o las bolsas de uvas de un kilo, impulsando la transición hacia bandejas de papel, mallas compostables certificadas o la venta a granel.
Aunque los países miembros de la Unión Europea tendrán la potestad de evaluar excepciones puntuales por razones de conservación o higiene, las reglas generales plantean un panorama desafiante que exige a los productores del hemisferio sur comenzar a trabajar de inmediato junto a sus proveedores de insumos para no quedar fuera del mercado.
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Redacción News Frutas de Chile
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